Domingo IV de Pascua


“Jesucristo el Buen Pastor”

Primera Lectura:
Hechos 13, 14. 43-52 A vosotros había que anunciaros antes que a nadie la Palabra de Dios, pero ya que la rechazáis y vosotros mismos no os consideráis dignos de la vida eterna, nos dirigimos a los paganos.
Salmo 99 Somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

Segunda Lectura:
Apocalipsis 7, 9. 14-17 El Cordero será el pastor y los conducirá hacia las fuentes de agua viva.

Evangelio:
Juan 10, 27-30 Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen.

Ambientación Litúrgica

La liturgia pascual consagra el cuarto Domingo de Pascua a Jesús, como el Buen Pastor.
La imagen del Pastor Bueno quiere expresar en el tiempo de Pascua el amor universal de Jesús resucitado a toda la humanidad.
Los profetas copiaron de los pastores nómadas, la imagen y su vida dedicada a las ovejas, para referirse a los guías religiosos del pueblo de Dios.
Muchos de ellos se preocupaban sólo de sí mismos, abandonando las necesidades del pueblo. Jesús se preocupa, como pastor, enviado del Padre. El conocimiento de sus ovejas y la entrega voluntaria de su vida por ellas, contrastaron la actitud de los pastores asalariados, a quienes no les importa la vida del rebaño.
Jesús es modelo por la rectitud de su entrega a todos, no con amargo sacrificio, sino con espíritu gozoso a Dios en solidaridad con el hombre oprimido.

 

Mensaje Bíblico

El don del Buen Pastor es ofrecer la vida de Dios de manera permanente: "Yo les doy la vida eterna". Jesús en repetidos momentos se identifica con la vida del Padre: "Yo soy la Vida". "Yo soy el Pan de Vida". Como Buen Pastor, lo que promete, da a sus ovejas, "para que tengan Vida en abundancia".
Pablo y Bernabé intentan realizar en el pueblo pagano la misión que Jesús confió a los discípulos: reunir las "doce tribus de Israel". El rechazo de la palabra divina por el judaísmo oficial, provocó esta misión entre los paganos. Desde ahora el universalismo del Evangelio se anuncia a todos los pueblos, desde el origen de la Iglesia. Pablo y Bernabé cuentan a la Iglesia de Antioquía "cómo Dios ha abierto a los gentiles la puerta de la fe".
La lectura del Apocalipsis acoge este carácter universal del Evangelio, como una buena noticia "hecha a los gentiles", "una inmensa multitud de toda nación, raza, pueblos, lenguas, reunidos bajo el cayado del Cordero-Pastor”.

 

Repuesta a la Palabra
"Mis ovejas escuchan mi voz"

La figura del pastor ya casi es desconocida en la sociedad moderna. Las primeras generaciones de Israel eran nómadas. Los rebaños eran parte de su vida. Los profetas adoptan la imagen del pastor para expresar las relaciones de Dios con su pueblo. Frente a los malos dirigentes de Israel, que traicionan la fe del pueblo, Jesús se proclama el Buen Pastor. La liturgia de este cuarto domingo de Pascua presenta a Jesús, como el Pastor que cuida en abundancia las ovejas de Israel. Su misión de Pastor no es cuidar solo las ovejas de Israel, también recoger en su aprisco las "otras ovejas".
Jesús asume en esta misión de Pastor la búsqueda de la oveja descarriada, de la perdida, que recoge y trae sobre los hombros al redil. El gozo y la alegría de Jesús es que los hombres y las mujeres de buena voluntad acojan el proyecto del reino de Dios. Jesús se distancia así de los pastores mercenarios, que huyen ante el peligro y abandonan el rebaño.

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