Caridad falsificada

 

Alberto Barrera

“Tú en cambio cuando des limosnas, no debe saber tu mano izquierda lo que hace tu derecha, cuida que tu limosna quede en secreto”.(Mt. 6-3-4)
El Evangelio de San Mateo nos indica que la limosna no debe convertirse en una operación de tipo mercantilista, burocrática o un descuento de los libros de contabilidad.
Cuanta hipocresía y vanidad de aquellos que se presumen ser queridos, buscando provecho propio en quedar bien ante la sociedad y presurosos, contratan servicios de los medios de comunicación, televisión y periódicos para realzar su imagen fotográfica en diferentes poses, cargando en sus brazos a humildes criaturas y colmando a sus paupérrimas casas con una serie de artículos de primera necesidad. Qué tristeza constituyen estos testimonios donde resalta el engreimiento de estos personajes en su gran mayoría pertenecientes a la clase política partidista, candidatos aspirantes a posiciones en el engranaje gubernamental o encopetadas “damas”, que posteriormente a la entrega de donaciones, ocupan las páginas sociales de los diversos diarios.
Cabe resaltar la otra cara de la moneda, correspondiente a nuestra Iglesia de Jesucristo y de los Apóstoles que actual-mente están emprendiendo una portentosa labor silenciosa a niveles de parroquias y de órdenes religiosas que no mantienen privilegios, ni ansias de ostentaciones públicas, acogiéndose únicamente con un inmenso amor igualmente a los jóvenes, adultos y de la tercera edad, e impulsa a través de su apostolado, a un camino muchas veces arduo, proclamando con encendidos brios su palabra liberadora, animadora de los Evangelios a los que están agobiados.
Nos percatamos en estos días de una auténtica caridad que difunden las parroquias San Antonio de Padua, de los Frailes Franciscanos de Miraflores, y las Hermanas Religiosas de la Orden de la Beata Teresa de Calcuta en el área de Villa Zaíta, distribuyendo bolsas de comidas, incursionando en lugares de extrema pobreza, donde aguarda una legión de hombres y mujeres indigentes, cuyos domicilios son las aceras, solares, sus lechos el duro pavimento, y las sábanas de los periódicos del día, abrumados por el hambre, la visita a los centros penitenciarios, a los enfermos en los hospitales, atención y cuidado a los niños desamparados. Esa labor de la Iglesia Católica es de origen divino e indudablemente desinteresada dando fe y amor al Espíritu de Cristo Resucitado.
No requieren la difusión publicitaria, ni avisos pagados. La meta es reiterar el Evangelio de San Mateo: “Cuídense de hacer obras buenas en público solamente para que los vean de lo contrario no serán recompensados por su Padre del Cielo. Cuando des limosna no hagas tocar trompetas, por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles para que los alabe la gente . Les aseguro que ya han recibido su paga.
En la Sagrada Escritura, en la Carta a los Corintios (13-7) reafirma mas sobre la caridad y al amor al prójimo: “Hermanos estén alegres, trabajen para ser perfectos, anímense, tengan un mismo sentir, vivan en Paz y el Dios del Amor y de la Paz estará con ustedes”.
El amor a Dios, la fe y la moral rectamente entendidas y la honradez deben prevalecer apoyándose en la humildad en cada unas de las acciones, por emprender.

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