A TIRO DE PIEDRA

El relevo pastoral

 

Con la llegada de monseñor José Domingo Ulloa al frente de la Arquidiócesis de Panamá, se produce el relevo pastoral en nuestra iglesia local. Es un momento de gozo por la dedicación de quien entrega el báculo arquidiocesano, y por el amor y la humildad de quien lo recibe.

Por mera misericordia de Dios he trabajado con dos arzobispos, y ahora con el tercero. Todos hombres sencillos, comedidos en el poseer, y preocupados por el caminar del pueblo de Dios. Casi 10 años con monseñor Marcos Gregorio McGrath, otros 16 con monseñor José Dimas Cedeño, y 4 con monseñor José Domingo Ulloa como obispo auxiliar, y el periodo que empieza como Arzobispo. Hombres de Dios a quienes, en el trato cercano, vemos desvelarse y desgastarse al servicio de la Iglesia de Cristo.

Ante el ordinario relevo, no dejo de recibir comentarios de toda índole, que especulan sobre si el nuevo arzobispo irá por aquí o por allá, o si el anterior fue así o de esta otra manera. Eso, en mi opinión, no es lo que debe quitarnos la calma. La mecánica funciona de otra forma. Cada obispo tiene una responsabilidad pastoral, que cumple junto al clero, las religiosas, y sus colaboradores cercanos y lejanos. El obispo guía, orienta, y predica constantemente la Palabra de Dios y enseña la doctrina de la Santa Madre Iglesia, desde la cátedra y el magisterio que le ha sido confiado. Corresponde, a nosotros los fieles, coadyuvar, desde nuestro sitio, en el pastoreo y el cumplimiento de las opciones pastorales que el obispo indique.

Somos un cuerpo, en el que cada uno de sus miembros, aunque con papel y responsabilidad diferentes, siempre ha de procurar sentirse parte de ese cuerpo. Así como Cristo es la vid, y los cristianos sus sarmientos, el obispo, en la diócesis, es la cabeza y nosotros somos el resto del organismo corporal. No hay, por tanto, lugar a pensar que un relevo pastoral nos va a cambiar la fe. Eso jamás. Habrá nuevas formas de hacer las cosas, pero la fe que profesamos será la misma, aunque a algunos poco comprometidos o nada creyentes, se les ocurra hacer todo tipo de especulaciones y hasta dar consejos fuera de toda proporción eclesiástica.

La Iglesia es conducida por el Espíritu Santo de Dios, y sus pastores iluminados e instruidos por el mismo Espíritu. Entonces, ¿por qué perderse en pensamientos y elucubraciones que más bien procuran perdernos, que encaminarnos hacia una vida cristiana plena en fe y en comunión? El relevo pastoral de este momento no es el primero, ni será el último, que vivimos. Y en todos, al menos los que he visto, el Señor ha estado grande con nosotros y hemos estado alegres.

Luis Alberto Díaz - lad@panoramacatolico.com

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