|
En La Chorrera
La Semana Santa de ayer

Rogelio Zúñiga M.
Procesional, inmediatamente quedaban de pie; los hombres si tenían
puestos sus sombreros o gorras se descubrían su cabeza hasta que pasase
toda la Procesión, igualmente lo hacían al entrar a un templo católico.
Como hasta 1952 se realizó en La Chorrera, “El velorio de Jesús”, en el
entonces “sábado de Ramos”, hoy de pasión, en la casa de doña Toña
Bermúdez, ubicada entre Calle Estudiante y La Real (Baldomero González),
allí la imagen del Señor permanecía bien arreglado toda la noche
recibiendo la visita de los feligreses, incluso hasta de los gringos
católicos del ejército norteamericano que estuvo acantonado en las
llanuras chorreranas durante la segunda guerra mundial, 1939 a 1945;- se
brindaba café para quitar el sueño de ese “sábado de Ramos”, como en
“los velorios tradicionales en nuestros pueblos”. Luego el Domingo de
Ramos, la imagen de Jesús Triunfante era llevada al Templo Parroquial
para la Santa Misa y la bendición de los Ramos; y luego, en la tarde la
procesión salía del templo, por muchos años esa solemnidad estuvo a
cargo de los hermanos Ricardo y Pedro Alberto Lasso, que para la misma
se usó un borriquito de su propiedad. Luego de la desaparición de los
hermanos Ricardo y Pedro, entonces, don José “ Ché” Pinzón brindó
anualmente el burrito que él tenía en su finca.
Al morir en 1952 doña Toña Bermúdez, se dejó de realizar “el velorio de
Jesús”, y la imagen pasó definitivamente a ocupar un lugar del Templo
Parroquial. Así, años más tarde don Ricardo Fulgencio Lasso, quedó con
la responsabilidad de esa solemnidad heredada de su padre y su tío. Como
en La Chorrera ya no había la cría de borriquitos, él traía dos de esos
animalitos del parque Zoológico de Summit Zona del Canal, bajo la
administración de las autoridades gringas zoneítas, misión que mantuvo
hasta su retiro hacia la capital por enfermedad y luego por su muerte
ocurrida en septiembre (9) de 1991.
Desde 1961 esta procesión de Jesús Triunfante se inicia desde El Alto
del Padre (Ermita de Jesús Nazareno) para terminar en El Templo
Parroquial. Por muchos años tuvimos que usar un caballito para esa
ceremonia religiosa ahora desde l998 usamos un borriquito del señor
tableño Donatilo Tejada.
Volviendo a épocas pasadas, desde el medio día del Jueves Santo se
iniciaba la meditación, al extremo que muchas familias, desde entonces
preparaban las comidas, para no encender, el fogón de leña o carbón el
Viernes Santo; ningún padre de familia se atrevía a castigar a sus hijos
por cualquier falta hasta las diez de la mañana del sábado, ya que el
usar un látigo, o algo parecido contra un niño, en ese lapso, lo
consideraban como una ofensa a nuestro Señor Jesucristo Muerto.
El Viernes Santo la gente usaba vestidos de color moderado como señal de
respeto por la Muerte del Señor; nadie salía de paseos, menos a los
ríos, a las playas o a cualquier otro balneario, ni se realizaba ningún
trabajo fuerte o peligroso.
Al anda del Santo Sepulcro le echaban arena porque así lo pedían los
cargadores que al sentir el peso al cargarla en sus hombros, decían: “ya
pagamos nuestros pecados al Señor”; así' en horas diurnas los muchachos
se reunían para jugar sanamente con las pepitas de marañón las que desde
una distancia prudencial eran tiradas en puñados en un hueco que se le
decía: “choclo" y había que meterlas todas para ser buen jugador y
ganador… La tranquilidad, la meditación y el recogimiento reinaba en los
lugares y en cualquier lugar; las pocas radioemisoras de aquellos
tiempos (1955 hacia atrás) sólo difundían música sacra y narraciones
bíblicas relativas a la Vida, Pasión, Crucifixión y Muerte de Nuestro
Señor Jesucristo. Ese día una matraca en la torre hacía las veces de las
campanas.
Volver |