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Embajada de EE. UU. a favor de un Panamá
más seguro
Benjamín Del Río Denis -
benjamin@panoramacatolico.com
El jueves 18 de marzo se realizó, en el hotel Sheraton, el primer foro
internacional sobre “delincuencia organizada y su impacto en el sector
empresarial: ¿cómo nos afecta y qué debemos hacer?”, dispuesto por la
APEDE (Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa). Al evento fue
invitada la embajadora de Washington en Panamá, Bárbara Stephenson,
quien expresó su admiración por «la iniciativa de APEDE en organizar una
serie de seminarios […] para la consolidación de la democracia».
Stephenson inició su discurso manifestando que Estados Unidos quiere
mantenerse «como el socio principal de Panamá […] en tiempos de
necesidades como inundaciones y otros desastres naturales», sin dejar a
un lado el aspecto comercial y de seguridad. Por ello, han definido que
la «amenaza principal» que enfrenta el Estado panameño es «la dramática
alza en la criminalidad», circunstancia que vinculan con el «igualmente
dramático aumento en el tráfico de drogas».
«La verdad –señaló la embajadora– es que el aumento de crímenes daña
todos los sectores de la sociedad. El crimen corrompe las instituciones
democráticas y judiciales, arrastra con la economía, desalienta la
inversión, aleja a los jóvenes de las escuelas y los atrae hacia la vida
de pandillas». No obstante, la violencia en Panamá puede ser disminuida
con la integración de tres componentes, según declaró Stephenson. El
primer componente consiste en fortalecer la seguridad para mantener
alejados de las costas y del territorio nacional a los traficantes de
drogas; el segundo es la reforma institucional que busca mejorar los
lazos entre la Policía y las comunidades locales a las que los policías
deben proteger, y el tercer componente es la innovación de programas
dirigidos principalmente a la prevención de crímenes.
«Bajo el liderazgo del Presidente Obama –continuó la embajadora–, la
administración ha cambiado su enfoque y ha convertido la seguridad
ciudadana en su principal meta y prioridad para los Estados Unidos. Bajo
este mismo espíritu, la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, ha pedido
a los embajadores estadounidenses en América Latina […] hacer lo que
podamos para asegurar que cada niño en el continente tenga la
oportunidad de lograr el potencial que Dios le ha ofrecido».
La Embajada de Estados Unidos ha desarrollado tres áreas de enfoque para
ayudar a la prevención de crímenes en Panamá. Primero, los programas de
prevención criminal, que duran tres años y brindan a los jóvenes más
vulnerables otra alternativa de vida. La segunda consta «de un programa
de pequeños subsidios para empoderar ONG [organizaciones no
gubernamentales] y permitirle [al ejecutivo] tener más presencia y
habilidad para expandir su labor a más personas». La última está
enfocada en proveer oportunidades educativas, tales como becas Fulbright
de posgrado para todos los conocimientos, programas de intercambio y un
nuevo programa llamado ACCESS, que permite a los jóvenes aprender el
inglés, aquí en Panamá.
«Nuestras iniciativas no pueden resolver todos los problemas –dijo
Stephenson para concluir–, pero están basadas en las mejores prácticas y
lecciones aprendidas de nuestra propia lucha en el alza súbita de
crímenes relacionados con la droga en Estados Unidos. Al final del día
nos orientamos hacia ser socios en esta lucha, porque queremos que
Panamá sea una nación segura, estable y próspera, con instituciones
democráticas aceptables […]. Si cada uno hace su parte –la Policía, las
escuelas, las comunidades, las instituciones religiosas, las
organizaciones no gubernamentales y el sector privado–, Panamá puede
voltear su tasa del crimen, lo mismo que nosotros […] en los Estados
Unidos».
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