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La fuerza de la oración
Alberto Barrera
Generalmente en los eventos deportivos algunos atletas antes de comenzar
sus competencias elevan una plegaria a Dios.
Cabe destacar los casos de pugilistas que aguardan arrodillados en sus
respectivas esquinas, haciéndose en la frente la Señal de la Cruz y a la
vez musitando una breve oración previa al sonar de la campana y la
indicación del árbitro anunciando el primer asalto.
Al terminar el encuentro, si resultan vencedores, besan la lona del
tinglado como verdadero signo de agradecimiento, pero si acontece lo
contrario, de quedar derrotados, desaparecen todos los ánimos,
demostrando inconformidad como creyente del Ser Supremo, olvidándose de
que aún conservan la vida, siendo en esta forma la voluntad de Dios que
se impuso y la que decidió.
Resulta lamentable cuando con esas actitudes “derrotistas” empiezan a no
sentir ningún efecto por la oración, justo cuando la Divina Providencia
le tiene preparado otro camino encauzado a un mayor crecimiento
espiritual y material.
Aparte de las lindes en la arena del pugilismo, igual acontece en otras
diversas actividades humanas de mal interpretar y deformar el espíritu
de la plegaria descendiendo su baja estima, sumergiéndose en las
supersticiones, entre éstas los horóscopos, fomentadores del engaño en
propalar que las estrellas ejercen influjo en la vida de los hombres.
La pérdida de la fe los conducen a convertirse en rebaño de
supersticiosos, como la aceptación de las “cadenas de oraciones”, cuyas
copias son remitidas a otras personas, donde señalan fabricados ejemplos
de una serie de éxitos logrados, quienes después de leerla, realizan
otro determinado número de copias remitidas a sus amistades o
familiares, advirtiéndoles que de no cumplir recibirán una serie de
calamidades.
Otras de la supercherías en el área amorosa consiste en colocar boca
abajo la imagen de San Antonio de Padua para lograr la conquista de un
ser que ama y que no corresponden.
Y no falta entre otras estupideces y torpezas las de prestarle una
credibilidad que un Viernes 13, un gato de color negro, la ruptura de un
espejo, o pasar atrás de una escalera, son signos de presagios y de
muerte.
Todavía en pleno siglo XXI hay un sector de la población que aún cree en
estas serie de patrañas, dándole notoria credibilidad a la brujería,
pitonisas, y la proliferación de “Curanderos”, “Maestros en Ciencias
Ocultas”, casi en su gran mayoría extranjeros que abiertamente mantienen
programas donde recetan y explotan a los incautos, con mensajes de que
se ganarán la lotería, o que está siendo víctima de infidelidad por
parte de su cónyuge o de una “amiga o amigo” cercano, o de un maleficio
por parte de una vecina que le tiene envidia y otras sandeces.
Se olvidan estos embaucadores de que “En todo lugar los ojos de Dios
están vigilando a malos y buenos”. (Pr 15, 3). Debemos depositar más
nuestra fe en el poder de Dios, romper toda cadena y rechazar las
prácticas de brujerías y cartomancía. Solamente el Ser Supremo y
Misericordioso concederá los bienes que necesitamos.
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