Celebración de los días santos

 

Oscar Rodríguez Blanco s, d, b.

Hemos iniciado la celebración de los días santos. En ellos viviremos los momentos más intensos de la vida de Cristo aquí en la tierra: Su pasión, muerte y resurrección. Muchas personas aprovechan estos días para descansar y divertirse. El descanso para el cuerpo es justo; para el espíritu, no hay vacaciones. Hay que vivir la espiritualidad de estos días para entender mejor porqué murió y resucitó Cristo.
La Semana Santa la iniciamos con la celebración del “Domingo de Ramos”, que nos hace recordar la entrada triunfal de Jesús en la Ciudad de Jerusalén. El Mesías entra montado en un humilde asno como príncipe de paz, Rey espiritual y salvador de almas. Las palmas que se llevarán en las manos significan la victoria de Cristo y la victoria del cristiano. Los días “lunes, martes y miércoles” la liturgia nos recuerda algunos hechos sucedidos antes de la pasión: La unción en Betania, el anuncio de la traición, la entrega de Jesús por parte de Judas. Las costumbres y tradiciones populares de muchos lugares representan estos hechos con gran viveza, fe y devoción.
En “Jueves Santo” se celebran tres aspectos muy importantes: La institución de la Eucaristía, el mandamiento del amor y la institución del sacerdocio. Jesús, siguiendo la tradición judía, celebra con sus discípulos la última cena. El escritor Martín Descalzo nos dice que los discípulos habían comprado lo necesario para esta cena: un cordero, que degollaron al acudir a uno de los sacrificios del templo, el horno para asarlo, el pan sin levadura, la ensalada de hierbas, el agua para las abluciones y el vino para las libaciones. Habían cuidado todos los detalles, pero fue una cena tensa y llena de misterio. Para sorpresa de sus discípulos, Jesús se para de la mesa y se pone a lavar los pies a cada uno de ellos. Les quería enseñar que había venido para servir y no ser servido. Tomando en sus manos un pan y un cáliz con vino, les dijo: “tomen y coman todos de él… tomen y beban todos de él, hagan esto en memoria mía”. Ordenó a sus discípulos repetir el mismo gesto. Sería el recuerdo perpetuo de la nueva alianza.
Con la celebración del memorial ordenado por Cristo se inaugura el “triduo pascual” de la pasión, muerte y resurrección de Cristo: El “Viernes Santo” centra la atención en la pasión y muerte de Cristo. Jesús afronta la muerte como la expresión máxima de su amor por la humanidad. La Vigilia Pascual, que se celebra el “Sábado Santo” por la noche, es la cumbre de todas las celebraciones. Es una celebración alegre y festiva, rica en símbolos externos que marcan la diferencia con los días anteriores. La paz y la alegría serán los nuevos signos de la Resurrección. La vida ha atravesado la muerte y ha dado origen a una nueva creación.
Necesitamos entender y hacer vida el hecho de la Resurrección. Es la mejor noticia que haya recibido la humanidad, fue la que cambió la vida de los primeros discípulos y proclamó Pedro en sus catequesis. Mucha razón tenía el gran escritor Bonhoeffer al decir: “saber morir no significa vencer a la muerte. Saber morir pertenece al campo de las posibilidades humanas, mientras que la victoria sobre la muerte tiene un nombre: resurrección.

Volver