Voz del Pastor


Mons. Pedro Hernández Cantarero
Obispo del Vicariato Apostólico de Darién

Discriminación racial

Partiendo del concepto de discriminación racial como el acto de separar o formar grupos de entes a partir de un criterio o criterios determinados. En sentido más amplio la discriminación es una manera de ordenar y clasificar; pidiendo referirse a cualquier ámbito, y puede utilizar cualquier criterio. Si se habla, por ejemplo, de seres humanos podemos discriminarlos entre otros criterios, por edad, color de piel, nivel de estudios, conocimientos, riquezas, color de ojos, etc.

Al ver estos criterios que se nos presentan y viviendo en un país tan pluricultural como lo es Panamá, hablar de discriminación racial es un tema que puede estar muy en boga y que nos puede servir para tomar conciencia de nuestras posiciones al presentarse una persona que no es de nuestra cultura, color o país. Normalmente no nos hacemos problemas, en un primer momento; pero, cuando comenzamos a escuchar que ella trabaja en un lugar que bien lo puede hacer cualquier ciudadano panameño, vive con una persona bien situada económicamente y que puede ser un buen partido para nuestra hija o hijo, y, tantos otros pormenores, comienza a surgir cierta xenofobia contra esta persona y comenzamos a tomar conciencia de ser invadidos por otras personas y que peligra nuestro estatus quo, que quienes nos pertenecen no tienen las mismas oportunidades que ellas. Siempre se da cierto rechazo y como una toma de posición que va creando un conflicto interno que nos hace perder la paz, la serenidad y la confianza entre nosotros mismos.

A todo eso, tendríamos que ponernos de cara al Evangelio de Jesucristo y darnos cuenta que algo no está caminando bien entre nuestros sentimientos y lo que la Buena Nueva de la Salvación nos invita a vivir. Tenemos que ser conscientes que el cristianismo es una cultura de la universalidad, donde no existen divisiones, ni maltratos, ni mucho menos exclusiones; pero se dan, y eso nos introduce en una realidad que contradice los principios que el Señor Jesús nos dejó, como parte del mandato del amor. Por eso, pienso que es necesario retomar la bandera de la catolicidad de nuestra Iglesia y ubicar nuestros sentimientos en un apertura total, donde lo que prime no sean nuestros intereses personales o particulares, sino ese don maravilloso de Dios que nos invita a la acogida, apertura, donación y solidaridad, sobre todo con los más desprotegidos y abandonados; se debe tomar contacto directo con nuestra ciudadanía; recordemos que el Señor nos hace comprender que somos ciudadanos del mundo y que no tenemos ciudad permanente; que somos peregrinos, sin enraizarnos en nada, ni con nadie; que nuestra razón de ser y de existir va encaminada a la ciudad futura; tantas cosas buenas que nos invita a vivir san Pablo en sus cartas y que nos impulsan a dejar de lado todo tipo de xenofobia que pueda crear división y conflicto entre nosotros.

Panamá es un país muy especial dentro de la realidad latinoamericana; si lo vemos desde la ubicación que tiene, su cultura no se asemeja a la realidad centroamericana, tampoco a la realidad sudamericana; más bien entra dentro de las categorías caribeñas; pero somos de tierra firme y el hecho de tener la apertura que nos identifica hace que seamos un país muy especial, en todo el sentido de la palabra. Pidamos al Dios de la Vida y de nuestra Historia que nos permita seguir trabajando desde nuestra propia realidad pluralista y que el abrirnos a la diversidad de cultura haga de nuestra gente personas con un alto espíritu de fraternidad, amor y solidaridad. Que quienes habitamos en esta realidad seamos capaces de compartir toda esa obra maravillosa de Dios y que quienes nos visiten siempre encuentren un remanso de paz y armonía entre nosotros.

Pidamos a María, nuestra Madre, que supo vivir su realidad cultural en tierra extraña, que nos dé la capacidad de sabernos encontrar con los demás en perspectiva de intercesión y plena confianza para responder a los retos que el mundo nos lanza y construir nuestro mundo con solidez y energía de vivir.

Volver