Catequesis del Papa
San Buenaventura
Audiencia general, Plaza de San Pedro, miércoles
17 de marzo de 2010
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy quisiera continuar reflexionando sobre algunos aspectos de la
doctrina de San Buenaventura que, junto a Santo Tomás de Aquino,
contemporáneo suyo, representan la cima del pensamiento cristiano en la
Edad Media y su diálogo fecundo entre fe y razón. Para Santo Tomás, en
la Teología prevalece el aspecto intelectual, pues al conocimiento de
Dios sigue el obrar según su voluntad, hacer el bien. San Buenaventura,
sin oponerse eso, al conocer y al obrar añade la contemplación, que es
el afecto provocado al encontrar a quien amamos. Sin renunciar en
teología al comprender con la mente, no se detiene en la simple
satisfacción del saber, pues se busca siempre conocer mejor al amado y
amarlo cada vez más. Así, el primado del amor es determinante, porque el
último destino del hombre es, a fin de cuentas, amar a Dios. De este
modo, San Buenaventura trata de convencer a sus coetáneos, no solamente
con la palabra, sino con toda su vida, y prospecta un “itinerario de la
mente hacia Dios” que supone el camino de la razón, pero la trasciende
en el amor. Es un itinerario que no puede plasmarse en un ordenamiento
jurídico, porque es siempre un don de Dios que ayuda al creyente a
acercarse cada vez más a Él. Y, en este acercamiento, habrá un momento
en que la mera razón ya no puede ver más, pero donde el amor sigue vivo,
dando claridad ante el misterio insondable de Dios.
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