A TIRO DE PIEDRA
Tomar para nosotros lo necesario
Hay un pasaje bíblico que
habla de la siega y de cómo era prohibido, en el antiguo Israel,
cosechar lo que estaba a la orilla del camino o recoger las espigas que
quedaban o los frutos que se caían, porque pertenecían al forastero y al
pobre por mandato divino.
Gran lección podemos sacar allí (Lev 19,9) de la justicia de Dios, que
vela por todos los hombres, sin importar su condición. Esta regla moral
podríamos practicarla en nuestro diario vivir. Si bien no se trata aquí
del trigo y los frutos del campo, sí existen otras cosas comparables.
¿Cuánta ropa y zapatos tenemos en los armarios y no usamos? ¿Cuánta
comida congelamos y después tiramos? ¿Cuántas monedas guardamos en
alcancías y potes por muchos años? Eso, hermanos, pertenece al pobre y
al necesitado.
Cada año la Iglesia nos regala este tiempo de Cuaresma, para practicar
obras de misericordia. Nos invita a orar, ayunar y dar limosna. ¿Acaso
no es el tiempo propicio para donar lo que acumulamos, casi sin ningún
propósito, a quienes lo necesitan más que nosotros? Aún quedan algunos
días del periodo cuaresmal. Aún hay tiempo para esta experiencia de
caridad y desprendimiento, para vestir al desnudo, dar de comer al
hambriento, dar limosna al pobre, ayudar al forastero representado en
los refugiados y desplazados, visitar a los enfermos, y asistir a los
encarcelados.
La lección de aquel pasaje del Levítico es profunda y contrasta con el
egoísmo y la avaricia propias de la naturaleza humana, de la carne. Pero
somos, también, seres espirituales, que, confiados en Dios, podemos
hacer cosas grandes sacrificando un poco de lo que el Altísimo nos da.
Sólo echemos una mirada a lo que atesoramos en cajas y gavetas. No
tenemos que ir muy lejos: todo lo tenemos al lado. Es cuestión de dar el
paso.
A pesar que la vida está llena de desengaños y sueños fallidos, en
parte, también tiene para el noble y bueno muchas satisfacciones. Si no
podemos ser bondadosos las 24 horas del día, los 365 días del año, al
menos intentémoslo en este tiempo propicio de la Cuaresma. No dejemos
pasar la oportunidad, porque no sabemos el día ni la hora en que nos
reclamarán el alma. Ancha es la senda que lleva a la perdición, y
estrecho el camino que conduce a la salvación.
Tomemos para nosotros lo necesario, y acordémonos de aquellos que menos
o nada tienen. Son cosas que nos hacen falta y que nos sirven más a
nosotros que a quienes podamos ayudar. Pidámosle al Padre que nos dé la
gracia de actuar siempre con bondad, caridad y misericordia. Ya lo dijo
el Señor: buscad las cosas de arriba, y todo lo demás se os dará por
añadidura.
Luis Alberto Díaz
- lad@panoramacatolico.com
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