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Lo siento, no
soy creyente

El paganismo prescinde del Dios que da racionalidad y sentido a cada una
de las criaturas, olvidando que al principio no existía el caos, sino el
Verbo, la inteligencia divina que todo lo abarca y penetra. Sin ella el
universo se torna opaco, irracional, esclavo de extravagantes poderes
que nadie controla. De ahí que el pagano recurra a dioses de bisutería,
a conjuros, amuletos, horóscopos y demás ansiolíticos en oferta para
aplacar sus inevitables ataques de pánico.
Enrique Monasterio | Fuente: Fluvium.org
¿Es usted creyente? A uno ya nadie le pregunta estas cosas. Claro que,
siendo sacerdote y vistiendo como tal, la fe se te nota enseguida. Los
curas, como los taxistas, necesitamos atrapar clientes al vuelo, y es
útil que nos reconozcan desde lejos. No sé cómo no lo comprenden algunos
colegas, ilustres y piadosos por otra parte. Si no fuese demasiado
pintoresco, yo me colocaría en la cresta una lucecita verde.
El
caso es que, como iba diciendo, ya nadie me interroga sobre mis
convicciones religiosas. Es una pena, porque, si un día me preguntaran
por la calle ¿es usted creyente?, con toda sinceridad y con ánimo de
escandalizar sólo un poquito, respondería: Por supuesto que no.
Sería una forma, como otra cualquiera, de decir que uno es católico, ya
que, en esta sociedad moderadamente pagana y laicista, los cristianos
nos distinguimos de los que no lo son, no tanto por lo que creemos, como
por aquellas cosas en las que no nos da la gana creer.
El paganismo sí que ha sido y es creyente; incluso crédulo,
supersticioso, idólatra, devotamente asustadizo ante las fuerzas ocultas
que imagina sepultadas en lo hondo de las alcantarillas. Pero el
laicismo es otra cosa ¿O no? No. El laicismo, al menos en teoría,
expulsa de la sociedad a todos los dioses. Los tolera como se toleran
las enfermedades infecciosas, pero toma medidas: procura ponerlos en
cuarentena para evitar contagios. El laicismo da por supuesto que la fe
se sitúa en el ámbito de lo irracional, de lo que nunca debe inficionar
el mundo del pensamiento, de la cultura o de la ciencia.
Lo que ocurre es que, a la postre, también el laicismo necesita sus
propias creencias. Y este laicismo, versión siglo XXI, ha creado un
elenco interminable de dogmas políticamente correctos que se presentan a
sí mismos como artículos de fe civil, se proclaman por todos los medios
y cristalizan en frases-tópico que todo buen demócrata debe repetir de
vez en cuando y aceptarlas religiosamente si no quiere ser anatemizado
por los inquisidores y enviado a las tinieblas de la reacción y el
fundamentalismo.
Por eso digo que no soy "creyente" ni estoy dispuesto a serlo. No puedo
creer en las majaderías del paganismo, y me revientan aún más las
pedanterías dogmáticas del relativismo militante. Baste decir que sólo
pretendo ser una persona juiciosa: creer con toda el alma en Dios y en
muy pocas cosas más, porque eso es lo sensato; ser consciente de que la
fe es un don recibido, desde luego, pero un don razonable al decir de
San Pablo, que enriquece la inteligencia y ayuda a pensar por libre.
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Valor
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Laicismo
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Ahora llegaría el
momento de decir en qué cosas no creo; pero me falta el
valor. Temo que mis lectores se rasguen las vestiduras, y no
está el tiempo para andar muy ventilados. |
Al laicismo le encanta
hablar del respeto a los "sentimientos religiosos". Ya se ve
que el laicismo es sensiblón y compasivo. |
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