Editorial
La igualdad de la mujer
Cuando Dios creó al hombre, los creó hombre y mujer,
y los hizo iguales en dignidad, dándole el mismo mandamiento,
indistintamente, y la misión de complementarse el uno con el otro. A los
ojos del Creador somos iguales, aunque el hombre, en su acción terrena,
haya impuesto barreras de separación y sometimiento de carácter sexual.
Esa igualdad, desde el punto de vista humano, a veces tiende a ser
confundida por algunos, porque les parece mejor que ambos sexos cometan
actos reprobables como irse a beber juntos a una cantina, darle culto
hedonista al cuerpo, o ser protagonista de escándalos de diversa índole.
Todas esas prácticas mal interpretan “igualarse” con la auténtica
igualdad, sin medir consecuencias.
La igualdad de la mujer comprende el respeto, la libertad de trabajar y
estudiar, la protección a su maternidad, y la supresión de todas las
barreras que le impiden su plena realización como persona humana. Dios
la creó como compañera del varón, no como subalterna ni esclava; mucho
menos como enemiga. Ambos, hombre y mujer, tienen características que le
son propias, y que ni uno ni otro puede suplantar, porque no le son
dadas por naturaleza.
Al conmemorar el Día Internacional de la Mujer, hacemos votos por el
reconocimiento de la dignidad que le cabe como criatura de Dios. Que no
sea traída a menos por causa de la opresión o el predominio de patrones
culturales, que todavía la someten a situaciones impropias de los hijos
de Dios.
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