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Domingo III de Cuaresma

Primera Lectura:
Éxodo 3, 1-8. 13-15 He visto la aflicción de mi pueblo, he oído el
clamor que le arrancan sus opresores y conozco sus angustias.
Salmo 102, 1-8. 11 El Señor es compasivo y misericordioso.
Segunda Lectura:
1 Corintios 10, 1-6. 10-12 Todos bebieron la misma bebida espiritual:
bebían de la misma roca que los acompañaba y que representaba
a Cristo.
Evangelio:
Evangelio: Lucas 13, 1-9 El viñador contestó: Señor, déjala este año; yo
cavaré alrededor y la abonaré a ver si da fruto. Si no, el año que viene
la cortas.
Ambientación Litúrgica
El
tercer domingo de Cuaresma centra la liturgia en torno a la conversión:
“Si no os convertís, todos perecereís”. La conversión del corazón es el
eje transversal del tiempo de Cuaresma. Lucas nos invita a la
conversión, significada en la imagen de la higuera, para motivar la
urgencia de convertirnos a la fe en Dios y a las relaciones solidarias
con los hermanos.
La conversión no consiste únicamente en alejarse del mal, sino también
dar buenos frutos. La necesidad de convertirnos sirve para todos los
cristianos, porque las apariencias de bondad no son decisivas para un
cambio de vida. La esencia de la conversión está en la opción vital por
vivir el Evangelio cada día.
Es volver nuevamente a Jesús glorificado, centro y proyecto de la vida
personal y comunitaria de los cristianos. Cambiar o no cambiar no es
juego de palabras, sino más bien un compromiso de vida o muerte.
Mensaje Bíblico
La
primera lectura relata que Dios revela solamente la primera parte de su
plan de salvación a Moisés: sacar a los israelitas de Egipto. Moisés
acepta totalmente. La experiencia de la zarza que “ardía sin consumirse”
cambia la vida de Moisés. Su futuro estará en adelante condicionado por
su vocación de “pastor de Israel”.
En la segunda lectura, Pablo hace una relectura de los favores que
gozaron los israelitas en el desierto; pero dejaron sus cuerpos en él
por su infidelidad a Dios. La instrucción de Pablo es colocar a Jesús en
el centro de toda liberación. Jesús se convierte para la comunidad
cristiana en el Señor de la historia y de la vida.
Lucas apoya la exhortación a la conversión en los trágicos sucesos de
galileos y judíos, muertos violentamente. Dios no castiga a los más
culpables, sino que nos amonesta a todos con el castigo de un grupo.
Lucas insiste en que la conversión es creer en Jesús como el Mesías. La
imagen de la higuera sugiere la amenaza del castigo sobre Jerusalén y el
pueblo judío.
Repuesta a la Palabra
La conversión del corazón
“Dejáos reconciliar con Dios”, dice Pablo. La Cuaresma es tiempo de
conversión, y las prácticas cuaresmales no significan nada si no llegan
al corazón.
La necesidad que el hombre tiene de vivir en paz con los otros, sólo se
logra cuando vivimos en paz con Dios. La liturgia cuaresmal se
desarrolla como un largo retiro en el desierto, con el bautismo como
transfondo. Es el reencuentro con Dios, el Dios vivo, el Padre, revelado
y manifestado en Jesús; un encuentro en lo íntimo de nuestro corazón,
con el Padre cercano y presente.
El drama de la sociedad postmoderna es que los alimentos de la tierra
nos han paralizado, y hemos perdido corazón. Cerrados al pobre y
marginado, estamos también cerrados a Dios. La conversión del corazón
ofrece vivir de otra manera, respirar con otro ritmo, sumergirnos
nuevamente en el Evangelio.
Enseña a salir de uno mismo para acoger al mismo tiempo a Dios y al
pobre.
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