Vista de una parte de un hotel abandonado, en la isla Contadora, en el Pacífico panameño, donde sus habitantes asisten al declive de este paraíso turístico en el que antaño se codeaban con estrellas como Elisabeth Taylor y John Wayne, mientras se preguntan cómo reencontrar el camino tras un largo periodo de decadencia. En las décadas de 1970 y 1980, hasta 300.000 personas recalaban cada año en las bellas playas de arena blanca de la isla, pero hoy sólo quedan tres hoteles pequeños y algunas cabañas y albergues prácticamente vacíos. EFE/Alejandro Bolívar.

Todo es vanidad

La naturaleza del ser humano lo lleva fácilmente hacia la vanidad, porque quiere sobresalir y ser estimado. Busca lo mejor, pero equivocadamente en lo material. La imagen falseada, el "glamour", la moda, la opulencia y lo exótico, todo forma parte de ese mecanismo que mueve la vanidad del mundo. Sin embargo, todo eso pasa de moda o muere, y es reemplazado por otro elemento artificial.

Si a algo debemos aspirar es a lo intangible, a las cosas de arriba, porque lo demás, si conviene a los ojos de Dios, nos vendrá por añadidura. Es mejor construir una empresa para dar empleo, que pensar primero en el afán de lucro. Es mejor aprovechar los recursos naturales y su belleza para el bienestar de los habitantes del lugar, que para explotarlas por un rato y abandonarlas luego, tras sacar la riqueza que momentáneamente ofreció. Busquemos, pues, ser primero antes que tener.

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