Pastoral Juvenil
de la Arquidiócesis de Panamá

El joven de hoy

 

A menudo voy por la calle, mirando a la gente alrededor y presto especial atención a los jóvenes; sintiéndose libres y deseosos de tragarse el mundo de un bocado. Los tiempos actuales no son los mismos que hace diez años, incluso hace 5 años, podría decir, por el metabolismo tan acelerado, por el cual pasa nuestro mundo.
Modas, música, sed de experimentar, de cambiar, violencia, conciencia y tantos otros elementos, rodean nuestra vida y; me pregunto: ¿Dónde está Dios en medio de todo esto? Está más cerca de lo que pensamos. Dios con un corazón tan grande y lleno de misericordia, nos da la libertad, tanto de destruir, como de construir.
A diario, vemos a los chicos a nuestro alrededor y pasamos por alto que en los rostros de esos jóvenes luchadores y emprendedores, está Dios, en las caras de las niñas embarazadas y de las que abortaron, también está Dios. En los ojos de un chico drogadicto o un joven al borde del suicidio, está Dios. En el mirar de un adolescente que porta un arma, ahí está Dios.
El Señor no solamente está en lo hermoso de la naturaleza, el bonito cantar de las aves o la impresionante profundidad del mar; el Señor existe en todas las dimensiones del ser humano y de el resto de los seres vivientes de este planeta. Él está esperando solamente, que abramos nuestros ojos y lo reconozcamos en nuestro interior, como en el interior de los de-más. Es por eso que antes de juzgar a nuestros jóvenes por su comportamiento, por cómo se ven o por lo que piensan diciendo: “en mis tiempos las cosas eran mejores”. Deberíamos buscar a Dios en esos jóvenes faltos de amor, que ignoran el poder de un abrazo o lo profundo de una frase como: “yo te amo”.
A menudo escucho a la gente decir: esta juventud está perdida y qué se espera de nuestro futuro con jóvenes así. Son estos mismos jóvenes, quienes nosotros hemos criado y guiado. La responsabilidad de cómo está nuestra juventud, es enteramente de la familia. Hay tantos otros jóvenes que han tenido una auténtica experiencia personal con Dios, sin embargo, no son escuchados porque son también víctimas de la marginación de los estereotipos. Son estos jóvenes los que necesitan nuestro apoyo y comprensión para que sepan qué dirección tomar, y que se conviertan en los hombres y mujeres que marquen la diferencia en nuestra sociedad.
A ti joven, te digo: No te desanimes, este camino no es fácil, pero tiene enormes recompensas, no te dejes llevar por los placeres pasajeros del mundo, más bien, disfruta todo lo hermoso que Dios te ha regalado, como la vida, tus amigos, tu familia, tus estudios, tu trabajo.

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