La Voz del Pastor

Monseñor José Dimas Cedeño Delgado
Arzobispo de Panamá
Recogimiento espiritual en Carnaval
Es probable que el título de esta reflexión provoque
hilaridad en algunos lectores y no es de extrañar pues nos encontramos
ante la contra-dicción de términos. “Recogimiento espiritual” es un
momento de silencio interior, es ambiente favorable para la oración y,
por otra parte, sabemos que las festividades carnestolendas significan
algarabía, ruidos y desenfrenos.
Me dirijo por supuesto a creyentes con una profunda formación cristiana
y un alto grado de experiencia de fe. Creo que solo este grupo de
creyentes serán los únicos en pasar la mirada atenta y reflexiva sobre
estas páginas de nuestro Semanario Católico en estos días tan especiales
para el pueblo panameño.
Ya sabemos que las fiestas del carnaval no las inventó la Iglesia. Estas
vienen del mundo pagano especialmente del imperio romano. La historia
nos habla de las orgías que se hacían en honor del dios Baco, el dios
del licor y de la embriaguez.
En un momento de la historia algunos cristianos vieron con buenos ojos
unos días de descanso y esparcimiento antes de entrar en los rigores y
las exigencias del tiempo cuaresmal. La Iglesia nunca ha condenado una
sana diversión propia de seres racionales y especialmente de personas
creyentes y piadosas. Pero quienes conocen a fondo y observan con
detenimiento lo que sucede durante los carnavales no podrán negar que se
trata de algo fuera de serie. Se intenta justificar estas celebraciones
callejeras diciendo que son las fiestas del “rey momo”, y algunos hasta
tienen la osadía de decir: “en honor del dios momo” ¿Quién es ese rey? Y
quien es ese dios? No es esto paganismo puro?
Lo cierto es que en la práctica los participantes en estas actividades
tienen la convicción de que en esos días ya Dios no existe o cierra los
ojos, sus mandamientos y todas las normas éticas y morales desaparecen.
Todas las reglas de comportamiento humano que emanan de la recta razón
caen completamente. Se piensa que en esos días todo es permitido, en
definitiva se pone a un lado el normal razonamiento y se sigue un modelo
de conducta propio de los seres irracionales, ya son las pasiones
desenfrenadas las que impulsan el modo de pensar y de actuar, por eso
las consecuencias de esta mentalidad equivocada son entre otras la
embriaguez por el uso excesivo de licor, con todos los nefastos y
lamentables resultados que todos conocemos, accidentes automovilísticos,
con sus secuelas de muerte y destrucción, luto y dolor, descontrol de
las pasiones carnales con toda clase de actos sexuales fuera de las más
elementales normas éticas, despilfarro del dinero y un sin número de
problemas que destruyen la sana convivencia de la familia y de la
sociedad, y lo que es más deplorable es ver que se trata especialmente
de nuestra juventud la cual es manipulada, utilizada por el mundo
consumista y a la postre destruida. Algunos dicen: pero los carnavales
son un descanso y un medio de olvidar los problemas, además representan
un auge económico, pero pregunto: ¿los problemas desaparecen o más bien
se multiplican? ¿Se justifica un lucro producto de tanto daño físico y
moral de nuestra juventud? ¿Cómo se podrá reparar el mal y las
consecuencias tan nefastas que dejan los carnavales?
Si en verdad somos creyentes tenemos que aprender a divertirnos
sanamente, es decir, actuar siempre con la convicción de que la razón y
las reglas del Evangelio tienen que ser las normas básicas de nuestro
comportamiento.
Es aquí y en estas circunstancias que podemos llamar adversas, cuando
más que nunca necesitamos una verdadera y auténtica espiritualidad
cristiana. Se trata de mirar las personas, las cosas y los
acontecimientos bajo el prisma de la fe para no confundir la luz con las
tinieblas, el bien con el mal, el pecado con la virtud, la vida con la
muerte.
Es necesario que abramos el corazón y manifestemos nuestra caridad
fraterna con las personas que nos visitan, que sientan nuestra
solidaridad y la acogida de hermanos.
Tengamos la valentía de ofrecer un buen consejo a las personas que
intentan desviarse por un mal sendero. Un consejo y una advertencia
oportuna pueden salvar una vida e impedir una desgracia. Es necesario
intensificar en estos días la oración tanto individual como comunitaria,
frecuentar los sacramentos especialmente la participación en la
Eucaristía.
Es muy consolador saber que en varias parroquias de nuestro país se
llevan a cabo Retiros espirituales y convivencias, para adultos y para
jóvenes.
Mientras una gran masa de personas viven el jolgorio y se divierten a su
manera varios grupos se retiran a lugares de recogimiento para orar y
meditar – ese sí puede llamarse descanso saludable.
Es digno de admiración ver a sacerdotes, religiosas y a no pocos jóvenes
cristianos dirigentes organizar y propiciar estos “Retiros de Carnaval”.
De esa manera nos preparamos verdaderamente a vivir con fruto el Santo
tiempo de la cuaresma, que es tiempo de recogimiento y rejuvenecimiento
de nuestra vida Cristiana. Recordemos que ya estamos comprometidos en la
Misión Continental. Esta no es una actividad para un momento, sino una
mentalidad de permanente discipulado y de permanente misión. Esta es la
naturaleza de la Iglesia y para esto nos llama Cristo.
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