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Controversia
Cristianos durmientes

Despiertan sólo para asistir, tediosamente, a alguna procesión, al rito
de alguna boda, o para «hacerle la primera comunión» al niño (lo cual
cada vez consiste más en la copiosa comida postsacramental que en el
mismo sacramento, no faltando nunca quien aconseje al cura que «termine
rapidito» que les esperan en el restaurante).

Tradición de San Blas con las gargantillas consagradas que se remonta al
siglo IV y por la que los cristianos se anudan al cuello lazos de
colores para prevenir los catarros. EFE/Carlos García
José Manuel Domínguez Prieto
Antaño se enseñaba que los miembros de la Iglesia católica formaban tres
grandes grupos: el militante, que «peregrina» en la Tierra trabajando
por el Reino; el purgante, formado por aquellos que, tras su muerte,
están purificándose para poder entrar en la Vida Eterna, y el
triunfante, formado por aquellos bienaventurados que ya están en la
presencia del Padre. Pues bien, hoy podríamos añadir otra categoría más:
la Iglesia de los cristianos durmientes.
Pertenecen a este grupo los que bautizan a sus hijos por la Iglesia y
gustan de convocar a un montón de sacerdotes para celebrar el funeral
del padre o de la madre (pues hasta esto cuantifican y toman como
criterio de distinción y clase), pero pasan el resto de su vida
ignorando a esa Iglesia a la que dicen pertenecer. Espiritualistas el
domingo de doce a doce y media y materialistas el resto de la semana,
viven con desgano todo lo que suene a religioso. Intercambian ritos por
seguridad, buscadores de precauciones, de prudencias, de virtudes
adornadas de adormidera. Falsos creyentes a los que su tibieza les llevó
a considerar virtuoso lo que no es sino la dimisión de sí mismos. Y así
terminan por llamar mansedumbre a la debilidad de carácter, humildad a
su impotencia, resignación a su cobardía. Y son los que, al final,
terminan por protestar y enfadarse cuando Dios no se pliega a su
voluntad: Hágase mi voluntad, así en el cielo como en mis tierras.
Se acuerdan de la Iglesia-institución sólo para criticarla. Y en esto
andan bien despiertos en no dejar títere con cabeza. Son especialistas
en criticar al Papa: si viaja, porque viaja; si no, porque no viaja. Si
es viejo, porque es viejo. Y si es viejo y viaja, aún peor. Y critican
al obispo, y al cura de la parroquia y a este y aquel movimiento. Sólo
ellos, más allá del bien y del mal, parecen estar en la verdad sobre lo
que la Iglesia debiera ser. Ni hacen ni dejan hacer. No quieren
compromisos pero no soportan el compromiso de otros. Y desde su mirador,
critican, se quejan, exigen y pontifican ex cathedra.
Rechazan toda opinión que venga de la «jerarquía católica», como
"imposición intolerable", pero se abrirán de par en par, acrítica y
atolondradamente, a cualquier opinión ajena, dicha por cualquier persona
en cualquier lugar, especialmente a aquellas que atacan a su propia
Iglesia, sin hacer el mínimo esfuerzo de cotejar en las fuentes la
verdad de lo que se dice. Siempre atentos al cotilleo acerca de los
desmanes del cura de tal o cual pueblo, nunca tendrán ojos ni oídos para
reconocer el trabajo intenso y fecundo hecho por católicos militantes.
Asisten "religiosamente" a ver el partido de fútbol del sábado y el
domingo, pero a la Eucaristía asistirán si apetece y se ponen bien las
cosas. Amodorrados el sábado y el domingo y estresados durante la
semana, pondrán siempre todo tipo de excusas para asistir a alguna
reunión formativa. Pero siempre tendrán tiempo para un viajecito de fin
de semana.
catholic.net.
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Cristianos
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Iglesia

Retablo de la Capilla de las Ánimas, en Santiago de
Compostela que representa la crucifixión de Jesús. EFE/Lavandeira
jr |
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Cristianos tibios,
desencantados, tristes, porque ya no creen en nada, no
conocen la alegría de la Salvación, porque ya nada quieren
saber de salvación ni de "kerigmas". |
Esta iglesia durmiente
perdió su primer impulso, su entusiasmo, su vigor. No es ni
fría ni caliente. Ya no sabe quién es ni se acuerda de lo
que recibió. Es una iglesia de corazones cobardes y manos
débiles. Ni milita, ni hace penitencia, ni goza. |
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