Editorial
Institucionalidad y transparencia
Los Señores Obispos expresaron su preocupación por la
institucionalidad del país, a raíz de las tensiones vividas en las
últimas semanas, por lo que llamaron, en su reciente mensaje al término
de la asamblea de la Conferencia Episcopal, a generar con urgencia un
ejercicio de reflexión en todos los ámbitos de la sociedad panameña.
Esa institucionalidad, que tiene su mayor expresión en el régimen de
gobierno y sus autoridades, la educación, la administración de justicia,
el trabajo, la salud, la cultura nacional, y los medios de comunicación,
debe mantenerse sana a toda costa. Que ninguno sea considerado más o sea
considerado menos, en virtud del poder que ostenta en lo político y lo
económico, su condición social, su origen étnico, su religión, o su
ideología. Sí todos somos iguales ante Dios, ¿qué derecho tiene el
hombre y sus instituciones, para discriminar entre un ser humano y otro,
o entre un ciudadano y otro?
Hace 20 años iniciamos esta nueva etapa democrática en Panamá, con la
esperanza de reconstruir una nación fraterna y reconciliada, dónde la
justicia fuera igual para todos, tanto ante la ley como en el derecho al
trabajo digno, al pan, la educación, la salud, y la libertad ciudadana.
¿Cuánto hemos avanzado? ¿Qué nos falta por hacer aún? ¿Quién goza de
esos derechos y quién no?
La libertad, en tanto una acción responsable y conciente, exige de quien
la ejerce coherencia y fidelidad con lo que prédica, con lo que promete,
y con su testimonio de vida. Y esta exigencia es mayor para los
gobernantes, las autoridades, y los dirigentes del mundo empresarial,
gremial, y el resto de la sociedad civil. Exige manejo honrado de la
cosa pública y los negocios privados, con la mayor transparencia
posible. De fallar en este aspecto, poca confianza y credibilidad
tendremos, y, lo que es peor, la institucionalidad de la nación y la
sociedad se resquebrajará, con las malignas consecuencias que ello
acarrea.
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