Un grupo de funcionarios moviliza bolsas con suministros el pasado, miércoles 13 de enero (de 2010), en Ciudad de Panamá. El gobierno Panameño está coordinando el envío de ayudas humanitarias para las víctimas del terremoto de 7 grados en la escala de Richter que sacudió al hermano país de Haití. EFE/Alejandro Bolívar.

Solidaridad sin fronteras

El ser humano es solidario por naturaleza, debido a su sentido gregario. Esta característica se agudiza cuando la adversidad golpea y amenaza a sus semejantes, como es el caso de las catástrofes que asolan al mundo, con el consiguiente saldo de millares de víctimas.

La situación del pueblo haitiano asentado en Puerto Príncipe, foco central del terremoto que ha devastado, practicamente, esa ciudad, mueve los resortes de la solidaridad mundial. Decenas de miles de muertos, cientos de miles de damnificados, y otras tantas personas viviendo en la escasez de agua y alimentos, claman por la ayuda de su prójimo. Mucha asistencia y recursos se han movilizado ya, pero falta aún más. El Papa, los gobernantes, la Iglesia y diversas organizaciones llaman a manifestarse ante la tragedia. Extendamos la mano y no olvidemos que, con el tiempo, la ayuda merma pero la necesidad permanece. Actuemos en consecuencia.

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