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Es un deber moral proteger el medio
ambiente
Oscar Rodríguez Blanco s, d, b.
Hace poco el ex Primer Ministro de Inglaterra, Tony Blair, fue invitado
por el movimiento “Comunión y liberación” a un encuentro que se realizó
en Rímini, Italia. Este movimiento se encuentra presente en 64 países
del mundo y cuenta con unos 50.000 asociados. Su misión: Anunciar que
“Jesús de Nazaret, muerto y resucitado, es un acontecimiento presente, y
que sólo en Dios hecho hombre, el ser humano es de verdad hombre y la
humanidad verdaderamente humana”.
Tony Blair, que hace unos dos años se convirtió al catolicismo, señaló
que es importante saber escuchar “la voz de la iglesia” y que ésta debe
“hablar de forma clara y abierta” para que sea oída por la comunidad de
las naciones. La iglesia nunca se ha quedado callada frente a los graves
problemas por los que pasa el mundo en el campo de la política, la
religión, la economía, la ecología, la cultura, la globalización, la
promoción humana, y en muchos otros campos.
Entre los problemas que preocupan enormemente a las naciones en la
actualidad, se encuentra el del “cambio climático”. La iglesia ha
insistido sobre el deber moral de proteger el medio ambiente, y sobre la
necesidad impostergable, de tomar medidas urgentes para evitar graves
consecuencias para la humanidad. El Papa Benedicto XVI en una de sus
intervenciones semanales dijo: “la Iglesia, no sólo está comprometida en
la promoción de la defensa de la tierra, del agua y del aire, entregados
por el Creador a todos, sino que sobre todo se empeña por proteger al
hombre de la destrucción de sí mismo ¿acaso no es verdad que la
utilización desconsiderada de la creación comienza allí donde Dios es
marginado o incluso donde se le niega la existencia? En una de sus
últimas catequesis dijo: “Les exhorto a todos a un mayor esfuerzo por la
defensa de la creación, don de Dios. En particular aliento a los países
industrializados a cooperar responsablemente por el futuro del planeta y
para que no sean las poblaciones más pobres las que tengan que pagar el
mayor precio por el cambio climático”.
En organismos internacionales, como es el de las Naciones Unidas, la
iglesia ha intervenido en diversas ocasiones para manifestar que el
cambio climático es una seria preocupación y una responsabilidad
ineludible para científicos y otros expertos, para líderes políticos y
gubernamentales, para administradores locales y organizaciones
internacionales, así como para todo sector de la sociedad humana y para
cada persona. En Blangladesh, el obispo Bejoy D´Cruze, comentando esta
semana las Palabras de Benedicto XVI “que los pobres no paguen la
factura del calentamiento climático” , ha dicho que en su tierra, los
desastres naturales han hundido en la pobreza a muchas personas que
están siendo víctimas del calentamiento global. Ellos viven atemorizados
por la presencia de ciclones, huracanes e inundaciones. Nuestros países
no estamos exentos de estos peligros, y si no se unen esfuerzos para
evitarlos, habrá que lamentar lo que no se previno.
La naturaleza, que es un magnífico regalo de Dios a la humanidad,
necesita ser defendida y protegida. San Francisco de Asís tuvo siempre
un gran aprecio por la naturaleza, con su “Cántico de las Criaturas”
llamó hermano al sol, y hermana a la luna y las estrellas como obras de
Dios, él es el patrono de los cultivadores de la ecología.
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