Domingo II del Tiempo Ordinario

Primera Lectura:
Isaías 62,1-5 Jerusalén no será más abandonada, sino amada de Dios.
Salmo 95,1-10 Contad a todos los pueblos las maravillas de Dios.

Segunda Lectura:
1 Corintios 12,4-11 Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu.

Evangelio:
Juan 2, 1-12 En Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos. Primer anuncio mesiánico de la hora de Jesús.

Ambientación Litúrgica

 

El evangelista Juan describe el primer signo que realiza Jesús: la conversión del agua en vino. San Juan llama “signos” a los milagros que hizo Jesús. La mejor imagen del reinado de Dios que anuncia Jesús es el banquete de bodas, donde la comida es exquisita, abundante y gratuita.
La boda de Caná es la mejor seńal y expresión del banquete de bodas de Jesús para manifestar la gloria del Padre entre los hombres. Jesús es el verdadero Esposo que posee la plenitud del espíritu amoroso de Dios. Es el Esposo de todo amor, siempre presente entre los hombres.
En Caná la Antigua Alianza ha dejado paso a la experiencia del amor que ofrece la presencia de Jesús. El agua, símbolo de la Antigua Alianza, se transforma en vino, signo de la Alianza definitiva. Jesús mantendrá una relación permanente de amor entre Dios y su pueblo. Ella hace presente la alegría mesiánica.

 

Mensaje Bíblico

 

Primera lectura de Isaías. “La alegría que encuentra el marido con su esposa, la encuentra tu Dios contigo”. Isaías anuncia que Dios está presente en Jerusalén como signo de amor entre Dios y Sión. La ciudad abandonada y desvastada, se convierte en desposada y amada por Dios. Relaciones íntimas y cordiales de amor entre Dios con su pueblo.
Segunda lectura de 1 Corintios. “El mismo y único Espíritu reparte a cada uno como a él le parece”. El Espíritu, presente en los creyentes, da sus dones para el bien de la comunidad. Los carismas no son exclusivos ni están limitados a la comunidad apostólica. El Espíritu Santo continúa distribuyendo sus dones a la Iglesia para edificación del reinado de Dios entre los hombres.
Evangelio de Juan. “En Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos”. Jesús es invitado a la boda, en Caná de Galilea Jesús realiza su primer milagro, signo de la presencia salvífica entre los hombres. En realidad Jesús es él la salvación: una salvación inesperada, excelente, copiosa. Que se hará realidad en la “hora de cruz”. Su anticipo es ahora el vino nuevo y mejor, ofrecido en esta situación desesperada.

 

Repuesta a la Palabra
“Haced lo que él os diga”

 

Juan, testigo de la boda, recuerda e interpreta un hecho de apariencia externa, para remitirnos al misterio mismo de la persona de Jesús. “Haced lo que él os diga”. Son éstas las últimas palabras que los evangelios nos transmiten de María, madre de Jesús. María no interviene por su relación de madre a hija. Pida obediencia a los servidores. Ruega a los hombres que “hagan y lleven a cumplimiento las palabras de Jesús”.
María asume en este momento su vocación de Misionera, Evangelizadora. Ella cree en Jesús, escucha y cumple su Palabra, y suplica a los hombres que hagan lo mismo.
A pesar de la respuesta enigmática, Jesús escucha y responde elocuentemente a la petición de su madre. Convirtió el agua en vino. Jesús la felicita calladamente porque la voluntad de su madre coincide exactamente con la voluntad del Padre.
La solicitud de María en las bodas de Caná logró que Jesús comenzara sus signos y los discípulos creyeran más en su Maestro.

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