A TIRO DE PIEDRA
La tragedia haitiana
Haití y su población son
golpeados nuevamente por las fuerzas de la naturaleza. Un terremoto que
ha matado al 15% de los habitantes de Puerto Príncipe, la capital, y
destruido gran cantidad de edificaciones, algunas emblemáticas como: la
Catedral y el Palacio del Congreso.
En los últimos años las inundaciones y los huracanes han dejado al país
maltrecho. Un país con pocos recursos, con 80% de su población bajo el
nivel de pobreza, y casi la mitad de ella analfabeta. Una sociedad que
ha vivido durante siglos bajo el terror de la dictadura y la persecución
de sus gobernantes, que afianzan su poder con grupos armados como los
tontons macoutes de Duvalier o las turbas callejeras de Aristide. Muy
poco de libertad y democracia, mucho de opresión. Así es la vida en
Haití.
Con su epicentro localizado a escasos 15 kilómetros de la capital, el
seísmo redujo a escombros buena parte de la ciudad. El peor en 200 años.
Muertos y heridos se confundían en las primeras horas. La pobre dotación
de agua potable que de ordinario se vive, se ha agravado con el
movimiento telúrico. Los alimentos, también escasos de común, ahora
hacen más falta que nunca. Es una situación desesperada, para la gente
de un país en perenne desesperación. La tierra devastada por la
deforestación en más del 70 por ciento de su territorio, sufre la
devastación de su principal ciudad, sede del gobierno y sede de las
misiones de ayuda de Naciones Unidas y otros países. También, algunos de
los encargados de esas misiones han quedado sepultados bajo las ruinas
de lo que antes eran su alojamiento habitual.
Las escenas que logramos ver por la televisión y la Internet apenas
ponen de manifiesto el horror que se vive allá. Si nos conmueven
aquellas, ¿cómo sería estar in situ? Niños y personas desamparadas por
montones. El templo principal, donde se busca refugio en la oración, y
que ha servido de albergue ante otras calamidades, ya no existe. La
Iglesia Católica, que tradicionalmente sale en primer lugar a ofrecer su
ayuda, ahora necesita ser ayudada.
Tras este desastroso evento, la reconstrucción de Haití ahora se plantea
en lo material y lo institucional. Reconstruir las casas y los edificios
será costoso económicamente, construir la institucionalidad de la
sociedad haitiana reclamará recursos intangibles, cuyo costo en vidas y
pauperización, a lo largo de su historia, se ha saldado con creces a
fuerza de la sangre, el dolor y el sufrimiento de múltiples
generaciones.
Queda ahora asumir los desafíos del presente, para superar el pasado y
mirar con confianza hacia el futuro. El socorro de los pueblos del mundo
debe ir más allá del momento. Debe apuntar hacia la reconstrucción
integral de Haití, el país más pobre y sufrido del continente americano,
en todos los sentidos. Una tierra donde casi no se ven bosques, donde la
escolaridad es la gracia de unos pocos, y donde la pobreza se enseñorea
con 8 de cada 10 hombres y mujeres como tú y como yo. No los echemos al
olvido.
Luis Alberto Díaz
- lad@panoramacatolico.com
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