FIESTA LITÚRGICA
El Bautismo del Señor


Este es un domingo de transición: el Bautismo del Señor cierra el ciclo de Navidad e inaugura a la vez la primera semana del tiempo ordinario. Con la escena del bautismo culmina la manifestación de Jesús como Hijo de Dios que hemos celebrado a lo largo de toda la Navidad, pero a la vez se nos presenta a un Jesús ya adulto, dispuesto a iniciar su ministerio público.

Xavier Aymerich

El bautismo de Jesús es una escena epifánica, que certifica una vez más la divinidad de Jesús. En este sentido el bautismo culmina el ciclo navideño: si la Navidad es la manifestación de Cristo en el ámbito humilde de Belén, y la Epifanía es la manifestación universal, a todos los pueblos, el Bautismo es la manifestación absoluta, en plenitud, de la divinidad de Cristo. De hecho, podríamos afirmar que, propiamente, el Bautismo es un eco o continuación de la fiesta de Epifanía, ya que completa su sentido con otra escena de tipo epifánico o teofánico.
El núcleo de la liturgia de hoy es el texto del evangelio que nos muestra a Jesús en el momento de ser bautizado por Juan en el Jordán, y es ungido por el Espíritu Santo y proclamado Hijo de Dios por la voz del Padre desde el cielo. Sin duda, esta escena está muy elaborada, presenta un gran contenido teológico, y concretamente trinitario: el Padre revela que Jesús es su Hijo y lo unge con el don del Espíritu. A partir de aquí, Jesús ya puede empezar a llevar a término la misión encomendada por el Padre en medio de los hombres.
El sentido del bautismo que Jesús recibe es distinto al del bautismo cristiano. El mismo Juan dice en el evangelio: Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo. El bautismo de Juan era un bautismo de conversión, una expresión del deseo de convertirse. El hecho de que Jesús se ponga en la cola de los pecadores es un signo más de la encarnación de Dios entre los hombres: él, que no necesitaba purificación ninguna, se identifica con todos aquellos que quieren convertirse. Pero el bautismo, en sí mismo, tan sólo tiene este valor simbólico. Lo importante de la escena es la teofanía que se produce en el marco del bautismo de Jesús. En cambio, nuestro bautismo es un sacramento real, que nos hace hijos de Dios y, por la fuerza del Espíritu Santo, nos incorpora a Cristo muerto y resucitado.
De alguna manera, pues, el bautismo de Jesús prefigura el nuestro, en el sentido de que, así como en aquel momento el Padre certificó la filiación divina de Jesús ungiéndolo con el Espíritu antes de iniciar su misión, también nosotros en el bautismo somos consagrados hijos de Dios en Jesucristo por el Espíritu Santo. Tal como afirma el prefacio: en el bautismo de Cristo en el Jordán has realizado signos prodigiosos, para manifestar el misterio del nuevo bautismo. También en la oración colecta pedimos: concede a tus hijos de adopción, renacidos del agua y del Espíritu Santo, perseverar siempre en tu benevolencia. Y en la poscomunión: que escuchemos con fe la palabra de tu Hijo para que podamos llamarnos, y ser en verdad, hijos tuyos.
Así, pues, la celebración de esta fiesta es un día apropiado para rememorar nuestro bautismo, para agradecerlo a Dios y también para renovar nuestro compromiso bautismal. Con uno u otro signo (el cirio pascual, la aspersión, los bautizos durante la misa, el credo dialogado) hoy hemos de expresar que la Iglesia, pueblo de bautizados, renueva su adhesión a Cristo.

Fuente: Mercaba.org.

 

Fiesta

Bautismo

La fiesta del Bautismo del Señor es una fiesta que comporta una cierta complejidad tanto en su sentido como en su comprensión, y a la vez una gran riqueza de contenidos que la hacen atractiva y sugerente.

El bautismo de Jesús tiene un contenido y un sentido propio que lo diferencian del sentido y significado del bautismo cristiano. Pero también es cierto que de alguna manera prefigura, e inevitablemente evoca, nuestro bautismo.

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