Editorial

Nuestro bautismo en Cristo

 

Con la solemnidad del Bautismo del Señor concluye el tiempo litúrgico de la Navidad, aunque algunos, por desconocimiento, ya lo hayan dado por terminado: unos al día siguiente del 25 de diciembre y otros al terminar la jornada del 6 de enero, influenciados por la manipulación mercantil del calendario.

El Bautismo del Señor anticipa, como primicia, nuestro bautismo. Pone fin al bautismo incompleto que hacía Juan con agua, y lo inaugura con el Espíritu Santo, que en forma de paloma vio descender Juan Bautista sobre Jesús. Dios quiso que Cristo recibiera, como hombre, el Espíritu Santo que procede del Padre y del mismo Hijo, para incorporarnos en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, a su pueblo elegido.

Nosotros, en Cristo, somos bautizados y transformados en nuevas criaturas. Cristo, el primero, voluntariamente aceptó el bautismo de Juan, para mostrarnos el camino de la conversión y la aceptación de la voluntad del Padre. Fuimos bautizados en Él, desde aquel momento en el Jordán, para glorificar al Padre que se nos manifiesta, por su inmenso amor y misericordia, en el misterio de la Trinidad.

Renovemos nuestras promesas bautismales en esta solemnidad del Bautismo del Señor, para asumir con fortalecida fe el compromiso de ser cristianos, a imagen y ejemplo de Jesucristo Nuestro Señor. Promesas que recordamos constantemente en la profesión de nuestra fe, pero, sobre todo, en la renuncia a Satanás y a todas sus obras.

Volver