A TIRO DE PIEDRA
Pintura sin prórroga
Tras cinco años de
anunciarse la medida y cinco fechas para hacerla valer, los taxistas
tendrán que pintar de amarillo sus vehículos para poder circular. A
pesar de las prórrogas, 2 de cada 5 aún incumplen la norma.
Cumplido el último plazo, el gobierno sacó de circulación a los
transgresores. No obstante, pretenden que se les conceda una nueva
prórroga y, además, un subsidio para pintar sus carros. ¡Qué
desfachatez! Tras que se han burlado de la ley, ahora hay que darles
dinero para hacer lo que les corresponde a ellos. Nada, ni un céntimo,
que busquen la plata por sus propios medios. Si otros pudieron costear
la pintura de sus taxis, con sacrificio muchos de ellos, qué justicia
habría si el gobierno cede ante las pretensiones de un grupo de
irresponsables y aprovechados.
La amenaza de bloquear las avenidas, como forma de protesta, resulta
intolerable. Si las autoridades no pueden con todos a la vez, que los
arresten poco a poco y confisquen sus vehículos de la misma manera. El
ejercicio del derecho a protestar es ilegítimo, cuando se impone con
daño a los demás de manera alevosa.
Otro enfoque de este asunto son los argumentos que esgrimen los
quejosos. Por un lado sostienen que el tiempo ha sido poco para reunir
el dinero de la pintura, pero se refieren al plazo más reciente, que fue
en agosto pasado. Para ellos no existe el primer plazo prorrogado de
junio de 2006. Parece que tres años y medio no le bastan. Otro argumento
es que el usuario no tiene suficiente transporte. Olvidan, por
conveniencia, su cantaleta de siempre: “hay muchos taxis” y “no deben
darse más cupos”. Además, su ausencia ni se ha sentido, porque esos
avivatos son los que en mayor grado practican la política del “no voy”.
Un dato interesante en esta cuestión es que cuando preguntamos a los
incumplidos si tienen otro ingreso, la mayoría dice que sí lo tiene. El
taxi, pues, es complemento de la actividad principal que ejercen de
ordinario.
El gobierno, luego de hacerlos pintar los taxis, debe imponerse otra
meta: El uso del taxímetro. Es lo justo para el usuario y el propio
transportista. Acabemos con la tarifa caprichosa, que se cobra según la
cara que le vean al pasajero y la decisión unilateral del conductor. Los
taxímetros deben ser electrónicos y regulados por la autoridad
competente, para que marque lo legal y lo justo. Adiós a las zonas y los
sitios, que sólo entienden unos cuantos, y a pagar por el tiempo que se
usa el servicio dentro de los límites del distrito en que se ha otorgado
la concesión del cupo.
Necesitamos un servicio de transporte colectivo y selectivo de pasajeros
moderno, eficiente, organizado, y por el cual se pague según el valor y
la calidad del servicio que se recibe. Bastante tiempo han tenido
secuestrado el poder de transformarlo en un verdadero servicio público,
situación de la que se han beneficiado no pocas personas. Se acabó el
relajo y el negociado, o al menos eso esperamos.
Luis Alberto Díaz
- lad@panoramacatolico.com
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