Editorial
La Epifanía del Señor
Celebramos este domingo la manifestación de Jesús a
los Magos, en el humilde portal de Belén. Allí, en lecho de paja y
envuelto en pañales, el Rey de reyes, en la fragilidad de un niño recién
nacido, es adorado por quienes supieron acoger el anuncio del Mesías que
llega de parte de Dios.
Los Magos, interpretando los astros, descubren este acontecimiento. Sin
ser creyentes, como el pueblo de Israel, saben discernir entre lo
importante y lo pasajero. Abandonan su comodidad cortesana, atraviesan
páramos y desiertos, y se arriesgan ante los peligros de los salteadores
de camino y el poder monárquico de Herodes. Y lo más asombroso aún, no
se decepcionan de encontrar al rey que buscaban, en la pobreza y el
ambiente de un establo que se debatía entre la improvisada cuna del
Salvador del Mundo y el muladar propio del lugar.
Estos personajes de la Navidad cristiana nos interpelan hoy. ¿Cuántos de
nosotros estaríamos dispuestos a dejar nuestra comodidad para ir en pos
de Cristo? ¿Quiénes nos arriesgaríamos a hacer camino, entre el peligro
y el miedo de perder los bienes y la vida por Jesús? ¿Cómo actuaríamos
frente al hecho de esperar un portento por parte de Dios, y encontrarnos
con lo humilde y lo aparentemente frágil de su respuesta?
A semejanza de los Magos, aprendamos a reconocer el anuncio del Redentor
que viene a nuestras vidas, a pesar de nuestra falta de compromiso o
conocimiento profundo de la fe. A ejemplo de Jesús Niño, confiémonos en
la fuerza protectora del Padre Dios, que se manifiesta en su Iglesia y
en sus Santos. Vivamos, hermanos, en la humildad y la sencillez de aquel
pesebre que el Señor quiere poner en nuestro corazón, para ser acogido y
descansar en él como un día lo hizo en Belén de Judá.
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