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La vida de la Sagrada Familia en Nazaret

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La realidad dominante de lo
que fue la vida de Jesús, María y José, en la pequeña villa de
Nazaret donde José ejercía el oficio de carpintero, fue la de la
simplicidad.
Aunque de descendencia ilustre por sus antepasados –
pues era descendiente del rey David – la Sagrada Familia (1) llevaba, en
medio de una parentela numerosa, la vida de un hogar modesto, ni pobre
ni rica, se ganaba el pan de cada día con el sudor de la frente y
respetaba las leyes administrativas y sociales de su pueblo.
Organizada en torno a la oración de la sinagoga, los ritos y las
numerosas fiestas religiosas del judaísmo (entre ellas el rito de la
circuncisión, la fiesta de las Tiendas, la peregrinación al templo de
Jerusalén) la vi-da de oración de la Sagrada Familia era exteriormente
la de todo buen israelita practicante de la época.
Sin embargo, detrás de la modestia de su comportamiento respetuoso de
usos y costumbres de su cultura, la Sagrada Familia vivía una realidad
grandiosa que sólo el silencio y la discreción podían asegurar al Hogar
de Nazaret la serenidad necesaria al cumplimiento del plan de Dios:
darle nacimiento al Mesías tan esperado desde hacía siglos por el pueblo
hebreo, Jesucristo, el Salvador del mundo, y vigilar su infancia y
adolescencia hasta que alcanzara la plena madurez del hombre y pudiera
comenzar su vida pública y predicar el Evangelio.
En efecto, es en la humildad de Nazaret que comenzaron a desarrollarse
entre los miembros de la Sagrada Familia las primeras páginas del Nuevo
Testamento que Dios en el Verbo hecho carne, vino a darle a los hombres
por amor y por la salvación de todos.
El testimonio de Cristo y de sus padres muestra también la inmensa
proyección que puede tener una vida familiar común, vivida en toda
simplicidad con Dios y en el amor compartido.
Nazaret en el año 0 : un pueblecito de unas cuantas decenas de casas...
Nazaret es hoy en día la ciudad árabe más importante de Israel con sus
60.000 habitantes, de los cuales entre 30 y 35 % son cristianos. Gracias
a los textos del Evangelio, donde se la menciona por primera vez a
propósito de la Anunciación a María por el Ángel Gabriel, la pequeña
ciudad pasó a la posteridad con un renombre universal.
Los testimonios arqueológicos indican que se trataba en ese entonces de
una aldea agrícola de unos doscientos habitantes solamente. Esto explica
por qué no existen referencias anteriores y por qué Nazaret no aparece
en la lista de las cuarenta y cinco ciudades de Galilea enumeradas por
el historiador judío de la época, Flavio Josefo, como tampoco entre las
sesenta y tres mencionadas por el Talmud.
Sin embargo no es por el tamaño insignificante de Nazaret que Natanael
de Caná le dirige al apóstol Felipe la célebre frase : "Algo bueno puede
salir de Nazaret..." (Juan 1, 46)
En efecto, por modesto que fuera el pueblecito, en él vivieron
seguramente algunas grandes familias pues se notan dos particularidades:
la presencia de la "Tumba del Justo" en el estilo de las tumbas de las
familias nobles de la época: esto indica que la ciudad no estaba
habitada únicamente por agricultores; la presencia de vestigios
considerados como la "Casa de María" : en efecto, la casa conservada en
Loreto -que parece corresponder a la de Nazaret- es una casa de piedra
de muy buena calidad que no podían poseer los habitantes más modestos.
¿A quién podrían pertenecer esa casa y esa tumba, si no era a gente de
cierto linaje?
Hay que saber que en el idioma arameo "nazor" o "nazir", significa
"príncipe", "corona" o "tonsura" y que los nazarenos eran entonces gente
de noble linaje o gente dedicada a Dios (tonsurados que sólo conservaban
una corona de cabello). Ahora bien, en Nazaret vivían los descendientes
de la rama del norte, de la ilustre familia del rey David, (entre ellos
José y María). Se sabe también que esta rama, que había reinado en
Israel en siglos pasados, había sido apartada del poder en la época de
los Macabeos, pues se dejó de escoger a los dirigentes de la Nación
Hebrea entre los miembros de esta Casa. El lugar al que se retiraron los
miembros de esta familia de nobles sería Nazaret.
La frase de Natanael (Juan 1, 46) es ahora más clara: no aludía a la
insignificancia del pueblo, sino a la caída de sus ilustres habitantes,
salidos del linaje del Rey David, caído en el olvido y retirada de los
corredores del poder: ... entonces..., ¿qué bueno podía salir de
Nazaret?
¿Qué sabemos sobre San José?
A decir verdad, no es mucho lo que sabemos sobre San José. Si nos
atenemos a los Evangelios: San Marcos no dice nada y San Juan no lo
menciona más que dos veces (Jn 1,45; 6, 42). Es cierto que estos dos
evangelistas comienzan su relato (después de un prólogo) al inicio de la
vida pública de Jesús. Mateo y Lucas quienes nos hablan de la infancia
del Señor, serán, entonces, nuestras principales fuentes. Pero las 25
citas de San Lucas y las 17 veces que San Mateo lo menciona no nos
aportan más datos. Ignoramos todo sobre el lugar y su fecha de
nacimiento y tampoco se nos transmite ninguna palabra de San José.
«José, el esposo de María, de quien nació Jesús» (Mt 1,16).
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