Editorial
La familia como iglesia doméstica
Desde antiguo la familia ha sido la base de la
sociedad. Clanes, tribus, pueblos y naciones están conformados por
múltiples núcleos familiares. Sin familia, difícilmente podría subsistir
la sociedad. Seríamos una legión de individuos sin nexos ni intereses
comunes, porque sería el individualismo lo que primaría, empujándonos
hacia el precipicio de la ley del más fuerte.
La familia, quiso Dios, es el lugar donde se aprende el amor, se aprende
la lengua, las costumbres, se transmite la fe. Aunque la familia se
forma de la unión de un hombre y una mujer, ella tiene una misión mucho
más grande y profunda. Desde el punto de vista de la fe, la familia es
la iglesia doméstica en donde se conoce a Dios y se vive la expresión
más sublime del sentido de comunidad.
En la actualidad, la institución familiar es atacada con saña y con el
aguijón del sofisma de la corriente mundana que busca destruirla. Falsos
conceptos de familia quieren imponerse, a través de legalismos y
enunciación de supuestos derechos, que no son más que la ponzoña del
demonio.
A ejemplo de la Familia de Nazaret, que también vivió la persecución de
los príncipes de este mundo, que buscaban su aniquilación, los
cristianos enfrentamos el desafío de defender la familia. No con armas
ni mentiras, sino con la fe firme en Dios de conformar familias que sean
verdaderas iglesias domésticas, para la salvación del mundo y la
instauración del Reino de Dios.
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