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Domingo
de la Sagrada Familia

Primera Lectura:
Eclesiástica 3, 2-6. 14-17 El que teme al Señor honra a sus padres.
Salmo 127 Dichoso el que teme al Señor, y sigue sus caminos.
Segunda Lectura:
Colosenses 3, 12-21 La vida en familia es vida en el Señor.
Evangelio:
Lucas 2, 41-52 Los padres de Jesús lo encontraron en medio de los
maestros.
Reflexión bíblico: La Sagrada Familia

El
Evangelio de la Sagrada Familia muestra cómo Jesús entiende en su
adolescencia "hacer la voluntad del Padre".
Para él la voluntad divina es vivir la propia existencia con una actitud
radical permanente en “ser para las cosas del Padre”. Desmarca así su
vida personal de las relaciones familiares con su madre y con José. En
la escena del templo María descubre algo en su hijo que trasciende el
círculo familiar y que le separará de ella. María empieza a experimentar
el misterio de ser Madre de Dios.
Jesús vive marcado por la unión con el Padre en toda su existencia. Su
vida y su misión están bajo la amorosa dependencia del Padre. Su
obediencia orienta y regula la vida de familia y su relación con María,
su Madre y José: "¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debo
ocuparme de los asuntos de mi Padre?". La Palabra de Dios nos pide hoy a
todos los cristianos una respuesta auténtica y transparente, como
miembros integrantes de nuestra familia.
La familia de Nazaret puede que nos dé qué pensar, pero nos garantiza
que la fidelidad a Dios no mata los sueños del hombre y de la mujer.
María es la testigo del "valor familia", cuando las situaciones
familiares rebasan la comprensión, María apoya sus decisiones en la
contemplación, la escucha de la palabra y en la oración.
Reflexión bíblica: Santa María, Madre de Dios
La
fiesta de Santa María, Madre de Dios, nos sugiere "hacer memoria" de la
presencia y misión de la Madre de Jesús.
María, "Hija predilecta del Padre, se presenta ante las miradas de los
creyentes como ejemplo perfecto de amor a Dios y al prójimo" (Juan Pablo
II). María nos descubre la necesidad radical de transformar la
humanidad, con su presencia activa, como en los grandes momentos de la
salvación.
La Iglesia actualiza la misión de María, cuando nos ha llamado a la
nueva evangelización en tiempos y situaciones difíciles. Por eso "hacer
memoria" de María, Madre de Jesús, no es para la Iglesia una evocación
sentimental ni un recuerdo intelectual, sino la experiencia de su
presencia en la comunidad cristiana, que está marcada con la coherencia
de vida, de unidad interior y la integración de los momentos de su
existencia.
La nueva era que inauguró Jesús, entra hoy en su tercer milenio. Su
comienzo no es para fuegos artificiales, sino para orientar la vida
sencilla de lo cotidiano, lugar de los grandes cambios de la historia.
En el nacimiento de Jesús, sólo los pastores tuvieron ojos para
descubrir en el niño recién nacido la esperanza de las promesas
realizadas.
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