La fiesta de Navidad de ayer en La Chorrera


 

Rogelio Zúñiga M.

En décadas pasadas el portal de Belén y el Nacimiento del Niño Dios fueron signos populares de la ambientación navideña.
Así se recuerda cuando las familias se reunían la noche del 24 de diciembre, para compartir juntas “la Nochebuena”, luego iban al templo parroquial para participar en la “Misa del Gallo”.
A los niños se les hablaba de la Virgen María, del Niño Dios, del rústico pesebre, de San José, como también de la presencia de la mula y el buey; se les decía a los infantes que el Ángel de la Natividad del Señor y la Luz de la Estrella de Belén, guiaron a los pastores hasta el pesebre del Mesías; así mismo se les explicaba que doce días después (el 6 de enero), los reyes Baltasar, Melchor y Gaspar fueron a adorar el Nacimiento de Jesús llevándole regalos.
Ante estas bellas y muy cristianas narraciones de los padres de familia, los niños se dormían profundamente convencidos que el Niño Dios, era el único quien les traía los juguetes, que al despertar los encontraban en sus cabeceras. La alegría navideña comenzaba justamente el día 16, con las novenas y salves (como decían) con los alegres repiques de campanas. En años no muy lejanos, jóvenes y niños ataviados con vestimentas de aquellas épocas bíblicas entraban al templo parroquial cantando los alegres villancicos al Niño Dios. Algunos niños ya más grandes y con determinado entendimiento al oír la palabra “posada” preguntaban: ¿Qué fue eso?. Entonces se les decía que esto hoy es la semejanza cuando la Virgen María y José pedían un albergue al acercarse el Nacimiento del Niño Dios, lo que le fue negado y por ello El Salvador del mundo nació en ese pesebre.
El día 25 de diciembre en la mañana, los niños con sus padres llenaban el templo parroquial con sus juguetes que, con el ruido característico de los mismos, más los producidos por aquellos niños, adoraban el Nacimiento de Jesús en la Iglesia de aquel entonces pequeño pueblo chorrerano, que por la tarde el sacerdote, con los niños más grandes, visitaba algunos nacimientos, sobre todo aquel grandísimo y muy original que arreglan las hermanas Frago (ancianas señoritas), una de ellas conocida popularmente como “Mereye”, era pues un arreglo tan impresionante en esa casa privada, de donde los niños salían contentos e ilusionados, porque creían haber visto al propio Niño Dios vivo.
La conmemoración de la Natividad del Señor entre los años de 1930 a 1960, fue una solemnidad de extrema fe y religiosidad, no sólo en La Chorrera, sino en toda nuestra nación. Pero hoy debido al emporio hospitalario y comercial de Panamá, el hombre con esa sabiduría que Dios le ha dado, en vez de propagar profundamente su fe, ha distorsionado tremendamente el verdadero sentido navideño con la creación de ese personaje ficticio llamado “santa claus”, el que aumenta el caudal monetario de las cajas registradoras de los comerciantes, el cual ya unos 45 días antes del 25 de diciembre, mediante los medios de comunicación invita a los niños que vayan a escoger los juguetes que a ellos les gusta.
Santa claus, que ni siquiera se le llama “santo”, que aunque así se le dijera también sería un error, su mención junto con el Nacimiento de Jesús, ya que para entonces no habían santos, sino que ellos surgen durante su peregrinación en la tierra al escoger a los doce apóstoles.
“La Navidad de ahora se conmemora con mucho materialismo, las bebidas alcohólicas, y otras cosas ficticias como de carnaval, donde no aparecen los nacimientos del Niño Dios”.

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