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Un hombre participa de los preparativos navideños en la Cinta Costera,
el lunes 14 de diciembre de 2009. La ciudad inauguró la Navidad con
estatuas de fantasía como sirenas, extraterrestres y duendes que, de
acuerdo a las previsiones de las autoridades, serán visitadas por medio
millón de personas. EFE/Alejandro Bolívar.
¿Qué celebramos?
Cada celebración en la vida del hombre y de la
humanidad tiene un por qué, un fundamento, una razón. Conmemorar y
celebrar un acontecimiento importante busca mantener presente la memoria
de lo ocurrido, para que sea aprendido, recordado y transmitido de una
generación a otra. De allí la importancia de ser fieles a la historia y
a los hechos, para que no haya desvíos ni desvaríos en cuanto a la razón
de ser de la celebración.
En la confección de los adornos y piezas instaladas en la Cinta Costera,
para celebrar la Navidad, se incluyen figuras que poco o nada tienen que
ver con la Navidad. Duendes, sirenas, ratones, y otros personajes de
historietas, están de más. Lo que resultaría apropiado para otra ocasión
deviene en esperpentos, cuando se les hace pasar por símbolos navideños.
Podrán algunas ser muy bonitas, desde el punto de vista artístico, pero
son inapropiadas y están fuera de tono. La Navidad tiene un centro:
Cristo; al que acompaña un pueblo representado en los pastores y los
reyes magos, junto a las celestiales figuras de los ángeles. De
celebrarse, ha de ser así. Hacer otra cosa es trastocar su verdadero
sentido.
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