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Un helicóptero sobrevuela Isla Chapera, en el Pacífico panameño. El
gobierno del país inauguró el martes la primera base aeronaval para
combatir el tráfico de drogas en esta isla propiedad de un colombiano
detenido en Panamá por supuesto lavado de dinero producto del
narcotráfico. EFE/Alejandro Bolívar.
Mantengamos la tenacidad
El flagelo mundial del narcotráfico destruye millones
de vidas en el mundo, ya sea por resultar víctimas de él o por
involucrarse en tan despreciable actividad. El daño en muertes, heridos,
adictos, prisioneros, familias desmembradas, lesión moral y material,
alcanza un tamaña inconmensurable.
Los esfuerzos legítimos que se hagan para detener esa práctica criminal,
aunque costosos, estarán bien justificados en la medida que la actividad
delictiva se controle y mitigue. La responsabilidad, aunque recaiga
legalmente en la autoridad, también le cabe al resto de la sociedad. Y
la mejor manera de contribuir en la lucha contra ese crimen es
resistirse tenazmente al consumo de drogas, al soborno velado que compra
conciencias, y a su endiosamiento social.
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