A TIRO DE PIEDRA
Los derechos humanos son para todos
El mundo actual se desgañita
clamando por los derechos humanos de las naciones y las minorías, hasta
extiende derechos a las plantas y los animales, pero permanece impávido
ante la persecución y el asesinato de los cristianos.
Casi sin darnos cuenta guardamos silencio ante la masacre que se cobra
la vida de miles de cristianos anualmente, en los países donde son
perseguidos y asesinados. Sudán, Irak, Yemén, India, Somalia, Argelia, y
otros, son parte de esa orgía de sangre que se ensaña contra los
cristianos. En algunos casos el genocidio es comparable al ocurrido en
los tiempos de Hitler contra los judíos y que, aún 70 años después nos
asombra.
Dar muerte a una persona por el solo hecho de ser cristiano, ya es cosa
común en algunos de esos países. En la mayoría se les restringe el
derecho al trabajo, se les despoja de sus viviendas, se les humilla y
maltrata públicamente, a causa de su fe. A esta oleada se suma la
cristianofobia en Europa, que busca arrancar todo signo y vínculo
histórico que represente al cristianismo, con el apoyo de gobiernos y
autoridades que complacen a los seguidores de esa corriente, por acomodo
político.
A pocos días de conmemorarse el día de los derechos humanos, yo me
pregunto si hay total motivo para celebrarlo. Gobiernos y grupos de
individuos que enarbolan la bandera de los derechos humanos son, al
mismo tiempo, conculcadores o cómplices de la cristianofobia que se ha
desatado en nuestro tiempo. ¿Que la religión es un asunto de recámara?
¡Mentira! El artículo 18 de la Declaración Universal de Derechos Humanos
dice claramente: “Toda persona tiene derecho a la libertad de
pensamiento, de con-ciencia y de religión; este derecho incluye la
libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de
manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto
en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la
observancia”.
Si lo anterior es realmente así, ¿de dónde habrán sacado que una alumna
no puede llevar un crucifijo o un turbante a su escuela? ¿Cómo pueden
permanecer los líderes mundiales indiferentes ante la persecución y el
asesinato de miles de cristianos cada año? ¿Por qué callan los medios de
comunicación tal atrocidad?
Los derechos humanos son para todos los habitantes del mundo, no para
unos cuantos bellacos que controlan el poder, especialmente el de la
libertad de información y de expresión. Hay un despertar a través de los
nuevos medios, y la verdad se conoce cada día más. Después de la
persecución y la tribulación viene la redención, lo que sabemos muy bien
los cristianos. No necesitamos el poder económico, ni tampoco el poder
de una bomba en manos de un suicida; nos basta con nuestra esperanza y
nuestra fe. Al final, sin dinero y sin terror, triunfaremos y
extenderemos las manos y los brazos a los que hoy nos persiguen, porque
nuestra meta es aquella por la que vino Cristo: la reconciliación entre
todos los hombres y mujeres y del mundo con Dios.
Luis Alberto Díaz
- lad@panoramacatolico.com
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