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El sacrificio de Cristo no tiene límites
Bernardina Moreno
Cuando Dios Padre decidió enviar a su Hijo a salvar a la humanidad, no
fue para una parte, no fue para los que creerían en él y lo aceptarían
como Mesías, y los que no. De ser así no hubiera dicho en una ocasión
que: “Los sanos no necesitan del médico”.
Hay personas que se creen autosuficientes y sienten que no les hace
falta la ayuda de nadie y que tienen la capacidad de resolver solos sus
problemas, porque tienen por Dios a don dinero y el poder, y pisotean la
honra de cualquiera con tal de lograr su objetivo, y no se le ocurra a
nadie advertirle de la cuenta que tendrá que dar un día a Dios, porque
sencillamente no entra dentro sus planes; hablarle del Mesías no tiene
sentido, porque no tiene conciencia de haber sido redimidos.
No obstante a Cristo, eso lo tiene sin cuidado que aceptemos o no que
haya venido a salvarnos, desde el punto de vista de fronteras, porque su
sacrificio no tiene límites, alcanza a todos, para él solo existe un
mundo, las divisiones las hacemos nosotros pretendiendo ser unos de
Cristo, otros de Pablo y los demás de Apolo, pero es imposible aceptar
estas divisiones, porque él no está dividido y su sacrificio no tiene
límites, lo mismo ama y perdona al que está en el polo, como el que
reside en el otro extremo del planeta.
Le pueden invocar con otros nombres, pero todas esas peticiones van
dirigidas al mismo y único Dios, creador de todo el universo, que no
encontró a nadie digno de saldar la deuda de la humanidad pecadora y
tuvo que entregar a su propio Hijo a morir por todos, no hay un solo ser
en el mundo al que no lo alcance la redención de Cristo, es sencillo:
Dios creó un solo mundo y todos los seres humanos, creados,
necesitábamos del sacrificio de Cristo.
Esta realidad, facilita el sentido de hermandad y fraternidad, que debe
prevalecer entre los hombres y mujeres.
Al purgatorio van a parar algunas almas de los creados, considero este
concepto, porque Dios es el único que ve lo que realmente hay en el
corazón del hombre y conoce la malicia y la intención del actuar de cada
uno, y si el sacrificio de Cristo no tiene límites, la misericordia
divina es insondable y aplicable a todos los mortales, porque creer lo
contrario ofendería a Dios, por pensar que el hombre sea capaz de faltas
tan graves que, superan la capacidad de compasión de Dios de perdonar.
Termino convencida de que, si el sacrificio de Cristo no tiene límites,
tampoco nosotros debemos tener límites, para amar y perdonar las
ofensas, venga de quién venga, a imitación de Cristo.
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