José de Nazaret, el justo

  • Es por medio de José que comienza el evangelio, porque él es el heredero de las promesas hecha por Dios acerca del Mesías. El, en cuanto heredero de David, transmitió a Cristo la heredad prometida a David y a su descendencia para siempre.

P. Cirilo Tescaroli MCCJ

La figura de San José se coloca en el centro de la historia del mundo. ¿Cómo explicar esta afirmación si de él sabemos muy poco? Ignoramos el lugar y la fecha de su nacimiento y de su muerte, no poseemos de él ningún escrito, no se cita de él ninguna palabra. La historia que de él conocemos se concentra en una decena de versículos de los evangelios. Sin embargo, debemos admitir que el “carpintero de Nazaret” tiene un primer plano en la historia de la humanidad, y más en concreto en la historia de la salvación. Un hombre que ingresa en esta historia y desaparece como un meteoro, después de poco años de vida escondida en la ignorada localidad de Nazaret.
El filósofo mártir San Justino (+ hacia el 165 d.C.) recordaba haber visto algunos arados y otros utensilios elaborados por José, pero de él nada quedó para nuestra curiosidad, a pesar de que de su taller salió Aquel que construyó el universo, Jesucristo Señor nuestro. Lo importante de la vida de San José no son las cosas que él realizó sino lo que Dios hizo por él, con él y por medio de él. El Señor de los cielos y tierra le confió la tutela de la Virgen María quien, por obra del Espíritu Santo, engendró a Jesús el Hijo del Altísimo. Aceptando este encargo, José ingresó en el misterio del Verbo encarnado y en el de la Iglesia. Y todo esto tuvo lugar en una casa palestina muy modesta, en un país bajo dominación extranjera.
El advenimiento principal de nuestra historia ha sido la venida del Hijo de Dios para habitar con nosotros y compartir la pobreza de nuestra existencia. Y para realizar este proyecto de amor, Dios quiso servirse de una doncella nazaretana y de un joven llamado José. Es por medio de José que comienza el evangelio, porque él es el heredero de las promesas hecha por Dios acerca del Mesías. El, en cuanto heredero de David, transmitió a Cristo la heredad prometida a David y a su descendencia para siempre. Por eso José es el testigo y el garante de la realización de estas promesas.
El nombre “José” (en hebreo Yehosef, apocopado en Yosef) significa Yavé añada. En el libro de Génesis (30,22) leemos el episodio de Raquel, esposa predilecta de Jacob quien cuando dio a luz un hijo, “ha quitado Yavé mi afrenta” y lo llamó José, como diciendo: “Añádeme Yavé otro hijo”. Los evangelista Mateo y Lucas concuerdan en presentar a San José como “descendiente de la estirpe de David”. San Mateo lo llama “José hijo de David”, “José de la casa de David” (1,20; 1,27). Y Marcos: “José subió desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David (Belén, por ser él de la casa y familia David” (2,4). Los evangelistas discrepan, en cambio, en la genealogía, siguiendo cada uno una serie distinta de antepasados. Mateo llega a José a través de Jacob (1,10), mientras que Lucas llega a José a través de Eli (3,23).
En todo caso, ambas genealogías se proponen hacer entrar a Jesús en la historia humana, documentando que el Verbo, que estaba junto al Padre, se convirtió en hijo de Adán, hombre como nosotros, a través de la estirpe de Abrahán y la familia de David. El escritor oriental Hegesipo, de ascendencia judía, dice en sus “Memorias”, de las que el historiador Eusebio de Cesarea nos conservó algunos fragmentos, que José tenía un hermano por nombre Cleofás (Cf Eusebio, Hist. Eccles. 3,11).

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