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Explosión juvenil
Emilio Sinclair
En la extensa planicie de la vida por donde tenemos que transitar, la
juventud, rebelde por naturaleza, se enfrenta a un mundo árido de
esperanzas.
Una juventud mentalmente envenenada por las agresiones sicológicas de
los medios de comunicación social que vomitan sexo, violencia, caos
social y político, no avanza; permanece estancada, subyugada, postrada e
indefensa ante hechos denigrantes y cae arropada por la vorágine de
conflictos.
Las noticias que diariamente absorbemos no acarician nada alentador; de
ellas solo emanan tragedias que se convierte en fertilizante de la
ansiedad.
La moral juvenil se precipita hacia el fango de lo incorrecto como
consecuencia de su desesperación por escapar de la podredumbre
espiritual.
Algunos hechos parecen de buena fe, sus efectos no llegan a erradicar
del pensamiento el estigma negativo.
Mientras los focos de frustración se acrecientan, las esperanzas se
minimizan al extremo que prácticamente no existen.
Esta avalancha de hechos esparcen sabores amargos que sólo pueden ser
sofocados por un ejército de gendarme armados de fe, buena voluntad y
dispuesto a emprender una misión de rescate.
Ese batallón de creyentes amparados en la Biblia como su “código
militar” es integrado por miembros de la Iglesia católica que empuñando
la cruz, en vez de una espada, intenta redimir a la juventud cuya
situación es cada vez más desesperante.
Explosión Juvenil es una acción de reivindicaciones sociales que
enciende cirios que iluminan el camino de aquel “divino tesoro” llamado
juventud para que no caiga en la penumbra social donde la moral es, cada
vez, más incierta.
Este el décimo tercer año consecutivo que se efectuó la explosión
juvenil anualmente celebrada por el Centro de la Divina Misericordia,
regido por el sacerdote David Cosca.
La Explosión Juvenil congregó entre tres mil a cinco mil jóvenes que
bebieron sabiduría religiosa en el manantial de la fe e ingirieron el
sorbo espiritual que los hará libres de las maledicencias del mundo.
Faltan más explosiones juveniles que se conviertan en bálsamo que
frotado sobre llagas de la conciencia, sanen el espíritu podrido por las
inclemencias sociales.
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