Editorial
Personas con discapacidad
Dios nos ha creado iguales en dignidad y la ley de
los hombres declara que todo ser humano tiene igualdad en derecho,
ninguno, pues, es más ni menos que su semejante, ante Dios y ante los
hombres. Ninguna persona, por tanto, debe ser traída a menos o ser
privilegiada, por condición de sexo, raza, religión, cultura, recurso
económico, o posición ideológica o política.
Las personas con discapacidad, sin embargo, luchan denodadamente por el
reconocimiento de su dignidad y sus derechos. A pesar que han ganado
algunos espacios, todavía queda mucho por hacer, especialmente en el
campo de la formación cívica del resto de la sociedad. Más que la
actitud de humanidad frente a ellas, se trata de la propia conciencia,
que nos mueve a tratar al semejante como nos gustaría que nos trataran a
nosotros mismos.
Por eso conmueve tanta indolencia, cuando nuestras vías públicas,
instalaciones de centros comerciales, edificios y lugares públicos
carecen de los medios adecuados para el desplazamiento y uso de las
personas con discapacidad. Duele aún más, cuando algunos, saludables y
en pleno goce de su capacidad física, se apropian de los
estacionamientos, sanitarios, y otros sitios reservados para las
personas con discapacidad.
Al dedicarse el día 3 de diciembre próximo a las personas con
discapacidad, urgimos a la sociedad entera a reflexionar acerca de lo
que el resto de la población hace con respecto a aquellas. Más que a las
personas discapacitadas, es a nosotros mismos a quienes nos servirá
interiorizar esta situación, para procurar construir un ambiente
solidario y más humano.
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