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Las Basílicas de San Pedro y San Pablo

Basílica de San Pedro. Foto: LAD
La Basílica de San Pedro, principal edificio del
Vaticano, estado soberano dentro de Roma, se encuentra en la orilla
oeste del río Tíber. Es el más importante edificio religioso del
catolicismo, tanto en términos de volumen (193 m de longitud y 44,5 m de
altura) como de renombre. No es la catedral de la diócesis de Roma, pero
sí es la iglesia del Papa, en la cual celebra las ceremonias litúrgicas
más importantes. En su interior se halla la Cathedra Petri, o «Trono de
San Pedro». La auténtica catedral de Roma es la archibasílica de San
Juan de Letrán.
La basílica actual es el resultado de una obra desarrollada durante
varios siglos. Comenzó por ser un monumento conmemorativo, en el lugar
donde San Pedro fue martirizado y enterrado, no lejos del circo de
Nerón. Entre el 326 y el 330, el emperador Constantino hizo construir
una basílica, a expensas del Papa Silvestre I, que fue terminada 30 años
después.
La construcción del edificio actual se inicia el 18 de abril de 1506. El
proyecto, dirigido por Bramante, consistía en un edificio con planta de
cruz griega inscrita en un cuadrado y cubierta por cinco cúpulas.
Bramante murió en 1514 y sus sucesores Rafael, Fra Gioconda da Verona y
Giuliano de Sangallo cambiaron este plan genial; a su muerte solo se
había edificado poco más que los cuatro grandes pilares que debían
sostener a la gran cúpula central. Posteriormente, el Papa Pablo III
encomendó la dirección de las obras a Miguel Ángel, que retomó la idea
de Bramante de planta en cruz griega. El diseño original de Brahamante
tenia problemas estructurales que debieron ser corregidos por Miguel
Angel. La más importante aportación de Miguel Angel fue la gran cúpula
que se encuentra justo sobre el altar mayor y la tumba del Apóstol
Pedro; que a pesar de su peso, parece flotar en el aire, la cual es
terminada por los arquitectos que sucedieron a este gran artista como
directores de la obra. Numerosos arquitectos y artistas participaron de
esta obra: Bramante, Rafael, Sangallo, Miguel Ángel y Maderno. Gian
Lorenzo Bernini proyectó la plaza y su columnata. Bernini también hizo
el espectacular baldaquino de bronce macizo sobre el altar mayor de la
basílica. Este baldaquino está decorado con abejas, símbolo heráldico de
la familia Barberini, a la cual pertenecía el Papa Urbano VIII, bajo
cuyo pontificado se completó.
La configuración actual de la basílica en cruz latina fue obra de Carlo
Maderno, que durante el pontificado de Pablo V añadió tres crujías
nuevas y proyectó la fachada.
La Basílica de San Pablo Extramuros es una de las cinco iglesias
consideradas como las más antiguas de Roma. La Iglesia Católica
considera que son la Basílica de San Juan de Letrán, Basílica de San
Lorenzo Extramuros, Basílica de Santa María la Mayor y la Basílica de
San Pedro. Es la segunda Basílica más grande de Roma, después de San
Pedro, se encuentra a 11 kilómetros de ésta y según la tradición es el
lugar donde el apóstol Pablo fue enterrado. En 2005 el cardenal Andrea
Cordero Lanza di Montezemolo fue nombrado arcipreste de la basílica.
La basílica, y todo el complejo anexo, como el claustro y el monasterio,
no son parte de la República Italiana, sino que son propiedad
extraterritorial de la Santa Sede.
El lugar en el que se encuentra la basílica de san Pablo Extramuros, a
dos millas de la Vía Ostiensis, estaba ocupada por un vasto cementerio
sub divos (sobre la tierra), que fue usado constantemente desde el siglo
I a. C. hasta el siglo III d. C. En esta necrópolis fue enterrado san
Pablo después de haber sido ejecutado en tiempos de la persecución
neroniana que siguió al incendio de Roma del 64.
Bajo el reinado conjunto de los emperadores Teodosio I (379 – 395),
Graciano (367 – 383) y Valentiniano II ([[375 – 392) fue erigida la
basílica cuya estructura permanecerá en pie hasta el desastroso incendio
de 1823. De la antigua basílica sólo queda la porción interior del
ábside con el arco triunfal y los mosaicos de este último. Desde 1215
hasta 1964 fue la sede del Patriarca Latino de Alejandría.
Durante el pontificado del papa Pío VII, en la noche del 15 al 16 de
julio de 1823, un incendio destruyó la mayor parte del edificio, dejando
incólume el claustro. El fuego se inició por la negligencia de un
trabajador que estaba reparando el plomo del tejado. De este modo quedó
prácticamente destruida la basílica, la única entre todas las iglesias
de Roma que había conservado su primitivo carácter durante 1435 años.
La basílica actual es un edificio neoclásico, estilo que toma sus
referencias del Alto Imperio, y no paleocristiano, esto es, un arte de
la Antigüedad Tardía. La construcción mide de largo 131,66 metros, 65 de
ancho y 29,70 de alto. Es imponente y es, en tamaño, la segunda de las
cuatro basílicas patriarcales de Roma.
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