Pese a crecimiento económico
Pobreza y miseria se mantienen de manera alarmante


Padre Patricio Hanssens

Betzaida Toulier U. - betzaida@panoramacatolico.com

En la pasada edición de Panorama Católico se publicaron datos de una encuesta de la Contraloría General de la República y el Ministerio de Economía y Finanzas de niveles de vida del año 2008, en el que se pone de manifiesto que la mitad de la población sufre de pobreza y hambre. Al respecto entrevistamos al P. Patricio Hanssens, Director del Departamento de Pastoral Social de la Arquidiócesis de Panamá.

P.C. Una encuesta de la Contraloría General de la República revela que la tercera parte de la población vive en condiciones de pobreza. Hace 25 años un estudio realizado por la iglesia Católica (Hacia una economía más humana) indicaba que el 38% de la población vivía en pobreza extrema. ¿Considera que estos indicativos han variado significativamente?
R/. Efectivamente la situación de pobreza no ha variado significativamente en los últimos 25 años y lo indicado por el estudio de la Iglesia Católica en aquel entonces ha quedado prácticamente igual, porque se ha mantenido un mismo modelo de desarrollo económico enfocado en los sectores de fuerte crecimiento, mientras que los sectores apartados, el sector agropecuario y los pueblos indígenas, han quedado abandonados. Por eso, la pobreza y la miseria se han mantenido en gran parte a pesar del crecimiento económico. Los frutos del desarrollo que experimentamos actualmente son sumamente desiguales. Panamá presenta una distribución muy desigual e injusta del ingreso. El número de personas que permanecen en condiciones de pobreza y de pobreza extrema sigue siendo alarmante.
Y hay más, no podemos fijarnos solamente en las cifras de ingreso familiar, también tenemos que prestar atención a la calidad de vida de la gente. Aun en las ciudades donde hubo un gran crecimiento y los sectores populares puedan haber mejorado sus ingresos, la calidad de vida no ha mejorado necesariamente. Pensemos en las condiciones del transporte público, los niveles de violencia, el deterioro en la calidad de enseñanza. Todo eso disminuye la calidad de vida de las personas, hace la vida más difícil. Por eso, el verdadero desarrollo no es sólo crecimiento económico, sino que ha de ser principalmente una mejor condición y calidad de vida humana.
P.C. Durante estos años los gobiernos han hecho esfuerzos para tratar de bajar los índices de pobreza. ¿Cree que estos esfuerzos han sido efectivos o, por el contrario, hay que reenfocarlos?
R/. Los gobiernos enfocan su plan de desarrollo hacia los sectores más prósperos, y tratan de aliviar mientras tanto la pobreza con migajas. Este modelo de desarrollo hay que repensarlo completamente. ¿Qué tipo de desarrollo queremos para el país? ¿Cuáles son nuestras prioridades? Combatir la pobreza y la miseria no es una consecuencia secundaria de un plan de desarrollo económico, sino que tiene que ser su meta principal. El desarrollo del país tiene que estar mucho más en función de las áreas apartadas y rurales.
En las últimas décadas los programas de crecimiento económico y los programas sociales han ido en direcciones opuestas. Se promueven unos polos de desarrollo en la capital a través de obras de infraestructura y facilidades para los inversionistas, mientras el campo y los sectores indígenas están en el completo abandono. Se favorece la importación de productos agrícolas, a espaldas del desarrollo del pequeño campesino. Muchos de los beneficios de estas importaciones se quedan sin embargo en manos de los comerciantes y no necesariamente benefician a la clase humilde, que no ha visto rebajar la canasta básica familiar. Se facilitan grandes infraestructuras para el turismo, mientras se les quita a los indígenas sus tierras y oportunidades para promover un turismo a pequeña escala. Se promueve la minería a cielo abierto, destruyendo la naturaleza que podría ser una fuente importante de ingreso a través de un turismo ecológico.
Hemos puesto, como nación, el crecimiento económico de unos cuantos por encima de mejorar la calidad de vida de la gente. Un verdadero crecimiento económico tiene que tener como norte la calidad de vida de la población.
P.C. La erradicación de la pobreza extrema y el hambre forma parte de los objetivos del milenio, declarados por la ONU, sin embargo, poco o nada llega a los sectores más vulnerables, el sector rural e indígena. En su opinión, ¿qué tipo de atención debe desplegarse para ofrecerle mayor seguridad alimentaria a la población afectada?
R/. Es necesario promover proyectos de desarrollo donde la misma gente pueda ser su protagonista. Eso quiere decir que hay que promover también la pequeña empresa tanto en el sector agropecuario como en el turístico. Hemos apostado todo para que inviertan las empresas trasnacionales y sacan las ganancias de su productividad hacia fuera, mientras nosotros nos quedamos con las migajas de unos salarios de miseria y viviendo en condiciones cada vez más deshumanizadas.
Por otra parte, las grandes inversiones del Estado se centran en la capital, descuidando completamente las condiciones de vida de los sectores marginados y rurales. Hemos descuidado por completo el sector rural. ¿Por qué no promover a mayor escala caminos de penetración para que los pequeños agricultores también tengan acceso al mercado? Se podría facilitar y promover un turismo a pequeña escala que involucre al sector rural e indígena como protagonista de su desarrollo. ¿Por qué no hacer obras de infraestructura a gran escala para asegurar que los sectores populares tengan acceso a agua potable y un trasporte público eficiente y digno? ¿Por qué no hacer un plan de vivienda para las personas de menores recursos, promoviendo de esta manera mayor empleomanía? El desarrollo tiene que estar mucho más enfocado a la satisfacción de las necesidades básicas de toda la población.

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