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Iglesia, sacerdocio y sociedad
Rolando Aparicio
Tomado de entre hermanos, el sacerdote es un cristiano más. No se le
eleven los aires a la cabeza, no se crea por encima de los fieles. No
porque ha sido ordenado se le quitan sus pecados. La iniciativa del Papa
Benedicto XVI, de un año sacerdotal, surge en medio de la tormenta por
los delitos y pecados cometidos. Una palabra de esperanza, para esta
sociedad que necesita luz, que necesita orientación hacia valores
superiores. En la actualidad, ante las faltas cometidas por algunos
sacerdotes, el silencio ha querido invadir la Iglesia en todas sus
esferas, aun cuando asumiendo y aceptando la falta de los pocos, ha
dejado de denunciar con fuerza otros temas permitiendo que sus
interlocutores ataquen al mensajero y olviden el mensaje veraz que
lleva. Un reconocimiento público de la debilidad y falta cometida es lo
que ha hecho el papa, ha pedido perdón y con determinación ha colaborado
para que los delitos sean corregidos en justicia y las victimas, dentro
de lo posible, ayudadas a sanar las heridas. Sin embargo, el papa no ha
dejado de hablar, de denunciar, de proponer una reflexión profunda de
reordenamiento mundial en torno a la economía y a las relaciones
sociales que abarcan el mundo.
A todos nos cuesta hablar de nuestra flaqueza, orgullo de por medio, más
cuando el sacerdote es considerado por los fieles, y debe ser, ejemplo a
seguir; no han entendido que el que está llamado a ser modelo, es
también un ser humano que puede fallar como fallamos todos.
Recuerdo cuando pasamos por el asesinato de Mons. Jorge Altafulla, un
juicio que hizo transitar a la Iglesia panameña por el escrutinio de la
sociedad entera. Y ese cáliz fue bebido por muchos y muchos no rehusaron
acercarse a la mesa y compartir con Mons. Jorge ese cáliz en el banquete
de la Pascua, él en una fiesta definitiva, los otros a la espera.
Por eso, cuando nuestro Sumo Pontífice anuncia un año sacerdotal, desde
junio 2009 hasta junio 2010, lo hace ante la necesidad de asegurar que
los miles de sacerdotes alrededor de la tierra se llenen del gozo y la
alegría de ser ministros consagrados para la salvación del mundo.
Actuando en persona de Cristo administramos los sacramentos que dan vida
en Dios, practicando la caridad, ayudamos a reconocer la actualidad del
Emmanuel, que ha venido a buscar a quien está perdido, enfermo o
abandonado.
La Iglesia católica siguiendo los consejos del Evangelio, sabe que no
tiene que rebuscar palabras para defenderse, hay uno que hablará por
nosotros, uno que ante quien los poderes de este mundo se doblegan.
Amigo lector, no se ha dado cuenta que cada cinco años aparece un nuevo
hallazgo pseudocientífico “descubriendo” lo que el Vaticano
premeditadamente “ha ocultado” desde siglos, vuelven a catalogar-nos de
retrogradas, de usureros, de ansiosos por el poder, de provocar las
enfermedades venéreas y los embarazos no deseados (por la defensa a la
vida), nos acusan de discriminar a la mujer y la “clásica”, ser opio
(tranquilizante), para las masas. Y a pesar de sus errores, fallas y
pecados la Iglesia católica sigue adelante en la historia desde hace dos
mil años. ¿Cómo lo explicamos? Los co-fundadores de la Iglesia,
recordaban los años de persecución y aprendían a leer las palabras de
Jesús en el contexto que vivían: “si esto es obra de Dios, perdurará” no
vaya a ser, decían los perseguidores, que estemos luchando contra Dios.
En verdad, nuestro Dios no parece ser el mismo de los dueños y
periodistas que trabajan en los medios de comunicación, o en las
instituciones internacionales pro- aborto, los grupos de nuevos
agnósticos y en sectores políticos o económicos que ven en la Iglesia
mella a sus intereses. En el caso de algunos medios de comunicación, hay
una saña institucionalizada que busca desprestigiar la imagen de la
Iglesia, el último ejemplo: una periodista (inteligencia incuestionable)
que entrevista cada domingo a diferentes personajes, incluyendo
eclesiales, en más de una ocasión, aun cuando el entrevistado no tiene
vínculos con la Iglesia, pregunta: “ ¿Quién recauda más plata, el
fabricante de Viagra o la Iglesia?” Cada vez que quiere, la periodista
incluye en sus entrevistas una pregunta comparativa manipulada entre
corrupción e iglesia. Y por supuesto las respuestas no se hacen esperar.
A eso los dueños de los medios le llaman libertad de expresión, la
periodista por su parte, sólo responde a la línea periodística que
aprendió en el periódico para el que desde hace años trabaja. Otra cosa
es cuando desde dentro, le damos material suficiente a los periódicos y
televisoras para que lucren. Si el Arzobispo se va de gira misionera
cada verano a las costas del Pacífico y se hace uno con su pueblo,
comiendo, durmiendo y asumiendo la vida de los pescadores,
escuchándolos, animándolos como pastor, eso no es noticia que venda…Pero
si escribe al Papa pidiendo ser relevado en su puesto…hay que titular
con prontitud: “Arzobispo renuncia a su cargo” dar seguimiento a la
información, hay que sembrar la duda sobre las causas… no queriendo
dirigir la información objetivamente, siguen la línea del morbo, hasta
que las debilidades y fallas del periodista quedan al descubierto.
Agradecemos a Dios por la vocación sacerdotal, por el ministerio y
testimonio de vida de miles de hombres diseminados alrededor del mundo.
Sigamos promoviendo iniciativas con y por los sacerdotes. Que siga
siendo un año para redescubrir ese Dios que es bueno y misericordioso,
que no ha querido desatender a sus hijos, sino que llamando a algunos a
su servicio, asegura su gracia para todos.
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