Dejemos actuar al Espíritu Santo

 

María Esperanza López

Andemos según el espíritu y no realicemos los deseos de la carne… Ga.5,16…
Cuando recibimos el Sacramento del Bautismo, Dios nos miró con ternura y nos concedió su Santo Espíritu. Cuando el sacerdote pronunció tu nombre y dijo: yo te bautizo en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, desde ese momento el Espíritu Santo vivifica nuestra vida.
El mal espíritu también está al acecho y quiere actuar, y a veces lo logra, dejándonos sordos, mudos, ciegos, paralizados e indiferentes ante lo bueno, ante el bien, la verdad y todo lo que nos lleva a ser mejores cristianos. La gracia y bendición de Dios se nos da día a día, pero el mal espíritu nos hace verlas como algo rutinario que no nos mueve a hacer algo para mejorar y corregir las oscuridades y sombras de muerte con las que “adornamos” nuestro diario vivir. Porque no dejamos actuar al Espíritu Santo.
Como consecuencia, no hay coherencia entre lo que somos, creemos y hacemos, y por supuesto nuestras creencias, fe, sacramentos y prácticas religiosas quedan sin producir frutos.
Volvamos a Dios, el Señor nos eligió para que demos fruto, para que vivamos en abundancia; dejemos actuar al Espíritu de Dios en nosotros, para que nuestra vida y nuestro entorno que nos envuelve sea remanso de paz, amor, alegría y unidad.

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