A TIRO DE PIEDRA
El fin del Terraplén
La cinta costera avanza cual
gusano que corroe todo a su paso. Acabó con la Avenida Balboa, y ahora
acabará con el Terraplén. Estoy a favor del progreso, pero de aquel que
construye historia y la respeta.
Para quien ha vivido o tenido contacto con el Casco Viejo (o Casco
Antiguo, como quieren que le digamos ahora), cada calle, avenida,
callejón, plaza, o rincón, tiene una historia colectiva y personal. Esos
que han venido sólo a destruirlo, o a instalarse por esnobismo, no saben
ni aprecian el espíritu y el alma de un barrio que muere cada día. Hay,
ciertamente, algunos inquilinos nuevos que lo aprecian e intentan
defenderlo, ante la impunidad y la imposición de los que sólo ven
negocio y capricho a través de sus ojos mezquinos.
El avance de la cinta costera, usurpadora del derecho del Bulevar
Balboa, ahora hinca sus colmillos en la yugular el Terraplén. Se tragará
el Muelle Fiscal, el embarcadero y su rampa, la muralla y la baranda
terraplenera, las escaleras que bajan al mar, los puestos de compra y
venta, y, por supuesto, el encanto costanero de un sitio invaluable.
Nada en detalle nos han dicho de la obra de marras. Es posible que ni
los gallinazos, que todo lo otean con su potente visión, lo sepan. Sin
información detallada y oportuna, el asunto deja un sabor a obra
maligna, devoradora del alma de un barrio, que ve cómo lo acaban sus
depredadores. Tal engendro es innecesario. Lo del túnel vehicular es
válido y posible, pero la extensión de la cinta, para que más carros
pueden allegarse al Casco Viejo, es un atentado histórico y paisajístico
execrable.
A mi modo de entender, el relleno abarcará hasta la playa que está
frente a la Presidencia. Se elevará el terreno, se destinarán áreas de
estacionamientos, paso vehicular, y zonas verdes, todo parecido a lo ya
existente en la cinta costera. El carácter costero del lugar desaparece,
porque ya el mar no besará sus riberas. Será como un parque, que
afectará la vista y la apreciación del aspecto arquitectónico colonial
de las murallas, y el monumental del Casco Viejo. Promiscuidad de
estilos, que da a luz a una aberración barrial. ¡Si al menos se dignaran
en reconstruir la rampa y las escaleras de cara al mar, para librarnos
de los bloques en forma de equis que usa la constructora! Ya que el alma
no les dice nada, al menos que se lo diga la razón.
Cobraría más valor el sitio si se ordenara la presencia de los
vendedores de mercancía de segunda mano, pescado, víveres, y comida.
También si se erradica la batería de cantinas, el negocio de las
meretrices, y el mercado ilegal de propiedad hurtada o robada. Me
imagino los restaurantes, los cafés, los puestos de artesanía en el
Muelle Fiscal, los paseos en las pangas de los pescadores, las giras
docentes por las calles del lugar, la gente a pie o en coches tirados
por caballos o mulas. Me imagino la ambientación histórica con personas
vestidas a la vieja usanza, y los visitantes disfrutando de todo esto.
Que lástima que tengamos autoridades tan bajunas, que no logran ver el
valor intrínseco de un Casco Viejo que promete quedar bonito, por las
inversiones que se hacen, pero despojado de su alma y de su espíritu.
Luis Alberto Díaz
- lad@panoramacatolico.com
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El Lector Comenta
Álvaro S. González H. -
Licenciado en Sociología.
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