A TIRO DE PIEDRA
El patriotismo que se nos muere
Cada año resulta evidente la
falta de sentido de lo panameño entre nosotros. Nos llenamos la boca de
nacionalismo, ante un éxito deportivo o musical, pero hasta allí. Para
el resto de las cosas, nuestro patriotismo colectivo es hueco y plagado
de indolencia.
Atrás hemos dejado el tiempo en que el 3 de Noviembre era una fecha
significativa para el panameño. Los niños eran vestidos con ropa nueva,
abundaban las banderas en las vitrinas de los almacenes y los edificios
públicos, los escolares y buena parte de la población sabían hablar con
propiedad de los hechos y acontecimientos que dieron a luz a la
República. Ahora vemos brujas y calabazas, delegaciones estudiantiles
que marchan a ritmo de regué, y respuestas atorrantes cuando se pregunta
por la razón de las fechas que suponemos nacionales.
Pareciera que estamos condenados a vivir este ciclo de apatía e
indolencia hacia lo patrio, cuando el pueblo es corroído por lo foráneo
y lo superfluo, como plasmó Gaspar Octavio Hernández, autor del Canto a
la Bandera, en el editorial que redactaba cuando murió frente a su
máquina de escribir, fecha que está dedicada como el Día del Periodista
panameño.
Me repugna ver a tantos jóvenes que se arropan con la bandera durante un
partido de fútbol, cual si ella fuera cualquier manto, y que según ellos
eso los hace más panameños. Me indigna ver cuando se iza o arría la
enseña patria, y se pasa al lado como si se tratara de un acto
insignificante, y más aún cuando quien la baja del asta se la echa al
hombro cual una prenda que se descuelga del tendedero. Poco me falta
para escupirles la cara un día de estos.
Es preciso hacer docencia y reprender a los transgresores, descubrirles
lo que realmente significa ser patriota, y despertarles el amor a la
patria y a los símbolos que la representan. Somos un pueblo que camina
aceleradamente hacia la incultura, lo chabacano, y el ensalzamiento de
la chusma, y, para colmo, hacia la desconexión total del vínculo que nos
une al ser panameño.
¡Basta ya! El ejemplo debe llegarnos de las autoridades, los
gobernantes, los políticos, los hombres y mujeres públicos, los
empresarios, y los que tienen la responsabilidad de guiar una familia.
Sin ejemplos ni modelos que imitar, cualquier otro esfuerzo será en
vano. ¿De qué nos vale el progreso que queremos mostrar a los foráneos,
si en el corazón de nuestra sociedad está ausente aquello que nos
identifica como panameños?
Ojalá y en esta ocasión, cada hombre y mujer que se siente movido por el
patriotismo sincero, tenga el valor de clavar la bandera panameña en la
puerta de su casa, y de decirle a todo el que está a su alrededor que
somos mucho más que el pueblo bullanguero y populachero que toma estos
días para la juerga, sin saber siquiera el origen y el porqué de nuestra
identidad nacional.
Luis Alberto Díaz
- lad@panoramacatolico.com
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