A TIRO DE PIEDRA
La inteligencia y el primer mundo
A menudo escucho decir que
quieren llevarnos al primer mundo, y que, para eso, se instalan
semáforos inteligentes, lo cual supone que estamos en un mundo inferior,
viviendo entre estructuras y edificios sin inteligencia o, lo que es
peor, brutos.
Dar el salto al primer mundo, a ese mundo que nos pintan como idílico,
requiere una mentalidad colectiva de primer mundo. Usar equipos y
artefactos inteligentes o instalarlos en edificios y áreas públicas,
igual reclama del usuario una actitud inteligente. ¿De qué nos sirven
los planes del primer mundo, o, por ejemplo: semáforos inteligentes, si
nuestra actitud dista mucho de ser la del primer mundo o la de una
inteligencia superior? Es como darle un libro a un analfabeta, o caminar
a media noche por un paraje peligroso, porque suponemos que toda persona
tiene derecho a transitar libremente y a que le sea respetada su
integridad física. Ni el analfabeta podrá sacar provecho de la lectura,
si no le enseñan a leer, ni el ladrón dejará de robar si continúa siendo
ladrón.
El cuento político de saltarnos al primer mundo, sin hacer cambiar la
mentalidad de cuarto, quinto, o sexto mundo que tenemos, no pasará de
utopía o fábula. Allí están los semáforos, que pronto entrarán a
funcionar, para que conduzcamos de forma segura y expedita por nuestras
calles y avenidas. Si esos semáforos, que dicen son inteligentes, no son
respetados por los conductores que actúan como brutos, no servirán de
nada.
Los semáforos actuales, aunque tarados o sin inteligencia, sabemos muy
bien que, aún en su estupidez, señalan el alto con la luz roja, y que la
luz verde es para el auto que transita por el otro lado de la vía. ¿Qué
cosa diferente haría otro semáforo que se dice inteligente? Ninguna, en
mi opinión. Lo distinto está en que el nuevo semáforo nos dará la señal
verde en secuencia, según la cantidad de tráfico, y roja cuando sea el
caso. Hasta aquí vamos bien, pero, y está comprobado, el bruto, que en
este caso es el conductor irresponsable y no el aparato de señales de
tráfico, bloqueará la vía igual que hace con el semáforo sin
inteligencia, y provocará el mismo tranque que ya es cosa común entre
nosotros.
Para saltar al primer mundo necesitamos actitud y educación de primer
mundo, para provocar mentalidad de primer mundo. Educación cívica,
instrucción escolar, ejercicio de la intelectualidad, urbanidad,
valores, moral, y cultura. Sin este cambio, el salto es insuficiente
para superar la barrera que nos separa de ese mundo primo.
Llenarnos podremos de tecnología, edificios y semáforos inteligentes,
bienes y servicios de primer mundo, pero serán como un libro para un
analfabeta, o una ocasión de robar para un ladrón. Inteligencia y
mentalidad de primer mundo son prerrequisitos para dar el salto hacia
allá. Y no lo haremos, mientras sea la brutalidad la que impere como
principal rasgo cultural del común de los panameños.
Luis Alberto Díaz
- lad@panoramacatolico.com
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