Editorial
Cristiano y demócrata
El legado de hombre público dejado por el ex
presidente Guillermo Endara Galimany, fallecido el lunes pasado,
contiene dos aspectos que deben imitarse en el ambiente de la sociedad
política criolla: su profunda convicción democrática, y sus arraigados
principios cristianos. Como figura política tenía virtudes, aciertos, y
errores, como cualquier hombre, pero no por eso, era más o era menos que
otra persona con los mismos atributos.
La evaluación política de su gestión, más que a nosotros, corresponde a
otros. Nos ocupa, eso sí, su conducta y su actuación ética y moral
realizada en su vida pública. En este aspecto conocimos a un hombre
modesto, sencillo, patriota, civilista, y persona de marcada franqueza.
Sabía disculparse, reconciliarse con sus adversarios, y reconocer sus
errores y limitaciones. En eso, es digno de ser imitado.
Guillermo Endara, como presidente, dio muestras de civismo, y comprobada
humildad y tolerancia. Nada jactancioso ni opulente, mas bien austero y
comedido. Su vocación cristiana la manifestaba sin ambages. Sin
ocultarla. Sin avergonzarse. Era auténtico en ese sentido, sin escatimar
en darle al estado lo que es del estado, y a Dios lo es de Dios.
Pasa a la casa del Padre un hombre creyente, que vivió su vida con
sencillez, y que deja un testimonio loable de su actuar como hombre
público. Pedimos a Dios misericordioso que lo acoja en su seno, y que no
le tome en cuenta sus pecados humanos, sino su fe. Que descanse en paz,
y que otros personajes políticos tengan el valor y el coraje de imitar
su ejemplo, en cuanto a sus virtudes y valores como cristiano y
demócrata.
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