Catequesis del Papa
San Pedro Damián
Audiencia General, miércoles 9 de
septiembre de 2009
Queridos hermanos y hermanas:
En la audiencia de hoy contemplamos la figura de uno de los grandes
santos del siglo once, Pedro Damián. Nacido en Ravena, muy pronto perdió
a sus padres quedando huérfano al cuidado de sus hermanos, los cuales le
dieron una magnífica formación, tanto jurídica como en la cultura
clásica latina. En su primera juventud se dedicó a la enseñanza y
compuso grandes obras literarias, pero muy pronto sintió la llamada a la
vida eremítica e ingresó en el Monasterio de Fuente Avellana. Durante
décadas se dedicó de manera ejemplar a la vida monacal. Largas horas de
contemplación y meditación, nos han legado algunas piezas de alto valor
teológico, así como magníficos sermones y cartas sobre el amor que brota
de la Cruz y el valor de la Palabra de Dios en la vida espiritual del
monje y del cristiano. Esta labor de pensamiento, por la cual exhortaba
a todos a poner en el centro de su vida a Cristo, estaba encaminada a la
búsqueda de una profunda reforma de la Iglesia. De ahí que en varias
ocasiones fuera llamado por los Papas para desarrollar una actividad
pastoral más directa o para solucionar problemas que acuciaban a la
Iglesia en ese momento. Es un gran don, poder contar con una figura como
San Pedro Damián, que gastó sus energías espirituales y físicas por amor
a Cristo y a su Iglesia, y que testimonia una vez más el primado de Dios
sobre todas las cosas.
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