A TIRO DE PIEDRA
Nivel académico
Cada año nos conmueve la
noticia que miles de aspirantes a la universidad fracasan en la prueba
de admisión. Decenas de miles de jóvenes, mayormente egresados de las
escuelas públicas, tendrán que quedarse sin educación universitaria. Es
una desgracia nacional, que costará mucho remediar.
Las causas de tal situación son variadas, aunque desemboca en un solo
lugar: la acción de la autoridad. Sin embargo, el asunto es mucho más
complejo. La enfermedad tiene un cúmulo de cosas que la provocan. Lo
primero, para mí, es la actitud de los docentes. No digo que son los
culpables, pero sí que son parte del problema, así como de la solución.
Deben, además de las autoridades, exigirse ellos mismos en cuanto a
competencia, conocimiento, metodología, y respeto por la profesión. Un
primer paso en este sentido, marcaría la diferencia.
Otros factores que inciden en el bajo nivel académico son: la falta de
atención temprana a los que demuestran más habilidad, dedicación al
estudio, y cuociente intelectual. La ausencia de un régimen de
competitividad docente, para potenciar el recurso humano de los
educadores, a través de concurso por los distintos niveles de las
plazas, aunque se trate de la misma asignatura. El ambiente inadecuado
para la instrucción y el estudio, a causa de planteles plagados de
ambiente ruidoso, calor, y otros elementos que distraen al estudiante
del aprovechamiento, tales como: el hacinamiento, interrupción del año
lectivo por paros y huelgas, poco acceso a la bibliografía y la
tecnología, horas de clase reducidas, y la jornada vespertina.
Es necesario tener aulas o escuelas especiales para los alumnos
aventajados, porque en el sistema público este enfoque está ausente. Por
querer asegurar la igualdad, lo que se ha hecho es igualar, de manera
forzosa, al menos aplicado con el más desaplicado. Soy partidario de las
escuelas de excelencia académica, porque motivan a otros alumnos a
alcanzar ese premio. A pesar que las mencioné, las aulas dentro de la
misma escuela no me parecen conveniente, porque allí sí podría darse
cierta práctica discriminatoria entre “inteligentes” y “brutos”.
Por parte de los docentes es necesario reconocer que unos tienen más
capacidad que otros, para la investigación y el estudio constante. Hay
que crear los mecanismos para que desarrollen sus habilidades, y puedan
ganarse un puesto en la escuela para la que resulten competentes. Se
debe invertir en edificios escolares que sean aptos para el
aprovechamiento, con ventilación e iluminación adecuadas, laboratorios,
bibliotecas, equipos, y ambiente sano. Calidad de planes de estudio y
ambiente para el aprendizaje, van de la mano.
Tanto docentes como estudiantes, pasando por la autoridad, deben
convencerse que cada puesto ha de ganarse. La escuela no es sólo el
edificio, sino sus maestros y sus alumnos; y estos dos últimos
componentes son los que cuentan. El mejoramiento de la educación
comienza, pues, con los docentes y los educandos. Los demás pasan
rápido, apenas unos cinco años, pero aquellos están en el sistema
educativo nueve, doce, dieciséis, o veinticinco años, según el caso, y
son los que pueden lograr el cambio más profundo.
Luis Alberto Díaz
- lad@panoramacatolico.com
Volver |