Editorial
Pueblos indígenas
Nuestra América tiene una gran población proveniente
de las naciones originarias del continente, gran parte de la cual vive,
aún, en condiciones de marginación y pobreza extrema. A lo largo de
cinco siglos, poco es lo que hemos logrado en cuanto al progreso y el
mejoramiento de la calidad de vida de nuestros hermanos aborígenes.
Los pueblos indígenas del hemisferio americano ven pasar gobiernos y
regímenes de diferentes ideologías y corrientes políticas, sin que
ocurra mayor transformación para ellos. Monarquías, repúblicas,
dictaduras, y democracias parlamentarias se cuentan entre esos gobiernos
y regímenes. Liberales, conservadores, comunistas, socialistas, y
militaristas, entre las ideologías y corrientes políticas. De todo hemos
probado, y nada de cambio significativo.
Dentro de tanta injusticia y olvido, sólo la Iglesia ha sido compañera
constante, procurando crear ambientes más humanos y solidarios entre las
naciones indígenas, a partir de los valores evangélicos. Acompañamiento
que, en no todos los casos, ha sido bien comprendido ni aceptado por los
grupos de poder y los sectores que ven en la acción de la Iglesia, un
obstáculo para sus banderías y sus planes de supuesto cambio
revolucionario.
Hoy el reto es atender con urgencia a los pueblos indígenas, por la
grave vulnerabilidad que padecen, pero, sobre todo, porque de ellos
llevamos la herencia consanguínea y cultural, y el deber moral de
liberarlos de una hipoteca de injusticia, que se ha cobrado con los
altos intereses de la opresión y de la marginación de la vida nacional
de cada estado del continente americano.
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