A TIRO DE PIEDRA
Los megas del rencor
A menudo puedo leer en la
internet algunos escritos preñados de rencor y de odio hacia la Iglesia
Católica. Hace unos días me encontré con uno de esos, que calumnia a la
jerarquía local, y ofende la memoria del Papa Juan Pablo II. ¡Qué pena!
En lo profundo de tanta ignominia, yace un alma sufrida y huérfana de
amor.
Si pudiéramos medir el rencor en megabytes, escritos como el aludido se
llevarían el primer premio. ¿Cómo ocurrírsele siquiera que el monumento
a Juan Pablo II representa la bendición del mercantilismo del centro
comercial de Albrook? Sólo con observar la colocación y la posición de
la estatua, cualquiera puede percatarse que está paralela a los
edificios del centro, y que se sitúa en el lugar en que se colocó la
tarima desde la cual el Santo Padre dirigió su mensaje a las familias de
Panamá y Centroamérica. Pero el necio, ya sabemos, tiene ojos y no ve,
oídos y no oye. No quiere ver ni oír, solamente existe su verdad.
Juan Pablo II, con su prédica y su caridad, hizo mucho más que los
escritores y personajes, la mayoría marxista comunista, que tanto admira
el autor del escrito. Por más venas abiertas que se mencionen, o
revoluciones que se alaben, no pueden alcanzar el sitial que el Papa
Juan Pablo II se ganó entre tanta gente del mundo. A diferencia de los
líderes “socialistas” que se mandan a hacer estatuas, Juan Pablo II, sin
pedirlo, se las ha ganado, por el amor que profesó, aquí en Panamá y
otros países de los 5 continentes.
Otro tema del rencoroso escrito alude a la vigilia de los nasos, en la
Plaza de la Independencia, frente a la Catedral. Según el articulista,
la Iglesia Católica no se ha ocupado de ellos. Falso. La ayuda y el
acompañamiento han sido patentes, en lo espiritual y material. Que no se
haya actuado como quisiera el escritor, no significa que lo hecho por
los organismos de la Iglesia tenga poco o ningún valor o, que algún
resentido pretenda traerlo a menos.
Las necesidades del pueblo naso, y de los demás marginados del país, no
se satisfacen con música y cantitos, cuyos organizadores se marchan a
dormir en sus mullidas camas, y algunos con aire acondicionado, dejando
a la intemperie, con frío, calor, sed y hambre, a los que dicen defender
y, en apariencia, darle una solidaridad revolucionaria y popular, que en
el fondo pobremente aporta.
Fuera del ingenio literario empleado para denigrar y ofender, se palpa
la confusión propia del que escribe mucho y dice poco. Hasta llama
gazebo, que es la marca comercial, a la glorieta de la plaza. Si no se
sabe distinguir entre gillette y hoja de afeitar, ¿cómo puede
pretenderse entender la dinámica social, libre de prejuicios, y el papel
que corresponde a la institución eclesial, con respecto a los problemas
de la sociedad? Peras al olmo no se pueden pedir, por lo que no espero
cambio alguno en esas mentalidades. Lo que resta es avanzar, y conocer a
cada árbol por sus frutos.
Luis Alberto Díaz
- lad@panoramacatolico.com
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