Editorial
A quién iremos
La naturaleza del hombre es preguntarse de dónde
viene y hacia dónde va. Todas sus empresas reflejan este
cuestionamiento. Hace planes, se traza metas, busca en el universo
respuestas a sus inquietudes, en fin, tiene ansias de conocer y saber el
origen y el destino de las cosas.
Sin embargo, buena parte de esa búsqueda la hace fuera de sí, en vez de
voltear, también, la mirada hacia su interior. Si todo lo que hace el
hombre nace primero de su pensamiento, ¿por qué no mirar, entonces,
hacia dentro de sí mismo? Para algunos es un absurdo o necedad, pero tal
convicción no significa que ello sea la verdad absoluta. No: sólo es la
verdad que le permite su ciencia.
Pero hay otra ciencia mucho más alta, que el hombre no entiende. Es la
sabiduría de Dios, que está muy lejos del alcance del ser humano, porque
a ella no se llega por esfuerzo propio. Le es imposible al hombre
escapar de la ciencia de Dios, porque ella alcanza y trasciende el cielo
y el abismo de la muerte.
Más que preguntarnos hacia dónde vamos, debemos preguntarnos a quién
iremos. Si sabemos a quién iremos, sabremos adónde vamos. Dios construye
una historia con cada persona y cada pueblo; entenderla y aceptarla
depende más de la fe y la confianza en Dios, que en las fuerzas del
hombre.
Volver |